Iglesia Visión de Futuro

“Una nueva y gloriosa oportunidad”

Lunes 31 de diciembre

Omar Cabrera Jr.

Siempre que paso a un nuevo ciclo, a una nueva etapa, cumplir años o aniversario de casados (en el caso de mi señora son los dos el mismo día) hago un análisis de cómo me está yendo. De hecho, mi esposa ya me lo carga, porque siempre para nuestro aniversario le pregunto: Y, querida, ¿cómo andamos? ¿Andamos mejor que el año pasado? ¿Andamos peor que el año pasado? Y esa pregunta me lleva a hacer un análisis de qué cosas puedo cambiar, qué cosas puedo mejorar.

Y yo pensaba en la Parábola del Hijo Pródigo. Dice que este hijo tomó sus bienes, todos los recursos que el padre tenía y se fue lejos a vivir perdidamente. De hecho, el hermano mayor cuenta (en Lucas 15) que el menor lo gastó todo con prostitutas y malgastó lo que el padre le había dado. Uno puede mirar el año y decir: “Bueno, Dios me dio un montón de oportunidades, un montón de recursos; 365 días, ¿qué hice? ¿Cómo gasté o malgasté el año?

Y creo que la mayoría si somos honestos podemos reconocer que en un montón de áreas fuimos “un hijo prodigo”, malgastamos, no aprovechamos al máximo las cosas y las oportunidades. Aun no cumplimos con un montón de las promesas que hicimos un año atrás, ¿te acuerdas, no? Pero, que hermoso es que Dios nos permite volver para atrás, reiniciar, plantearnos una nueva oportunidad. Cuando uno desea ser el dueño de su vida y niega al Señor y le da la espalda, lamentablemente las consecuencias son drásticas. Pero, dice la Parábola del Hijo prodigo (Lucas 15:17 parafraseando), que volviendo en sí este hijo dijo: ¿Qué hago acá? Si en la casa de mi padre hasta los jornaleros tienen abundancia y yo estoy acá muriéndome de hambre. “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros” (vv 18,19). Y en el momento en que él toma esa decisión, que vuelve en sí, que reconoce su error, reconoce el lugar a donde había caído, es como que se despierta en él una esperanza.

Te desafío a que vuelvas en ti. A que te despiertes, a que reconozcas que sí hubo errores, pero también está la gloriosa oportunidad de que Dios haga en tu vida todas las cosas nuevas. Que acercándote a Él puedas experimentar ese abrazo del Padre, ese amor incondicional, el ser restaurado al lugar donde Dios quiere que estés. Ese padre le puso calzado en los pies declarándole al hijo: “no eres esclavo”. Le dio una túnica como diciéndole: “perteneces a esta familia”. Y hasta le dio un anillo que le daba autoridad para comprar y vender en nombre de la familia. Fue restaurado por completo a pesar de lo pródigo que había sido durante todo ese tiempo; solo porque decidió volver al Padre.

Tal vez estás alejado, tal vez no te estás congregando, siempre hay una excusa para que faltes y no recibas lo que Dios tiene para tu vida. No uses la Palabra Semanal como excusa de tu comunión con Dios, necesitas estar en intimidad con Él y con tus hermanos y hermanas en Cristo. Hoy, vuelve en ti, toma la decisión, di: “Señor, me voy a acercar a Ti, reconozco que pequé, hazme un hijo, una hija, otra vez. Te lo pido en el Nombre de Jesús. Amén y amén.