Iglesia Visión de Futuro

“DIOS ES SANTO, DIOS ES JUSTO”

Lunes 14 de enero

Por Omar Cabrera Jr.

Hemos decidido este año vivir una vida de perdón. Ahora, uno tiene que entender por qué el perdón es necesario. Dos motivos: Primero, Dios es Santo y segundo, Dios es Justo. En el discurso de Josué, cuando terminaba la conquista de la tierra prometida, él declara esta frase conocidísima: “Yo y mi casa, serviremos al Señor”. Pero, dentro de ese contexto él dice: “Pero si les parece mal servir al SEÑOR, escojan hoy a quién sirvan: si a los dioses a los cuales servían sus padres cuando estaban al otro lado del Río, (que estaban en Egipto) o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitan. Pero yo y mi casa serviremos al SEÑOR” (Josué 24:15 RVA2015). Y luego, en el versículo 19 dice: “—No podrán servir al SEÑOR, porque él es un Dios santo y un Dios celoso. Él no soportará sus rebeliones ni sus pecados”. Por eso es que tenemos que vivir una vida de perdón.

Jesús enseñó a orar en el Padre Nuestro: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12 RVR 1960), otra versión dice: Perdónanos nuestros pecados, así como nosotros perdonamos a los que nos ofendieron a nosotros también. Hay que tomar esa decisión, hay que vivir una vida de perdón. De hecho, termina el Padre Nuestro y de todos los temas que el Padre Nuestro presenta, el único que el Señor enfatiza es: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (vers. 14-15). Y Marcos 11 lo dice: “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas (Marcos 11:25-26).

También Lucas 6:37 dice no juzguen, no condenen, perdonen y serán perdonados. Y acá está hablando que con la misma medida que yo mido seré vuelto a medir. O sea, no está hablando que voy a dar y se me va a retribuir, muchas veces lo usamos a este versículo para la ofrenda (“medida buena, apretada, remecida y rebosando”). Lo que está hablando es que, si yo juzgo a la otra persona, si yo actúo con rencor en contra de la otra persona, si permito una raíz de amargura en contra de la otra persona, con la misma medida que yo mido voy a ser medido, también. Eso está en Lucas 6:37-38.

Jesús entra a la casa de un fariseo, se llamaba Simón, (Lucas 7), se sienta a la mesa y una mujer empieza a llorar sobre los pies del Señor Jesús, los lava con sus lágrimas, los seca con sus cabellos y este fariseo que se sentía tan recto y tan justo delante de Dios, con un terrible espíritu de religiosidad en su corazón piensa: “Si supiera qué clase de mujer es ésta, no dejaría que lo toque”.  Y Jesús le dice: A ver Simón, tengo una pregunta para ti: había dos deudores uno debía 50 dólares y el otro 5.000 dólares (no son las cifras que están en la Biblia, pero para contextualizarlo) y a los dos se les perdona la deuda. ¿Quién te crees que va a estar más agradecido? “¡Ah!, el de los 5.000”. Sabiamente has respondido Simón; esta mujer estaba llena de pecados, sus pecados fueron perdonados, por eso es que ama tanto.

Que puedas vivir una vida de perdón, reconocer que no somos dignos, no somos merecedores del perdón de Dios, pero Dios nos lo dio, aunque no lo merecíamos, y de la misma manera tenemos que vivir una vida de perdón hacia los demás. Que en este momento puedas elevar tus pensamientos al Señor y decirle: “Señor, hoy me determino a perdonar a todos los que me han ofendido. Suelto toda raíz de amargura, suelto todo rencor que hay en mi corazón. Hoy suelto el perdón divino para todos estos que me han herido y me han ofendido. Lo hago en el Nombre de Jesús. Amén y amén”.