Iglesia Visión de Futuro

¡Celebramos al Resucitado!

Domingo 5 de abril de 2015

Domingo de resurrección

Rvdo. Omar Cabrera Jr.

Hoy recordamos el sacrificio de Cristo en la Cruz, el alto precio que Él pagó. Hoy reconocemos que Él fue obediente al Padre y tomó forma de siervo y se humilló a Sí mismo y murió en el Calvario. Hoy recordamos todo lo que Jesús hizo por nosotros en esa cruz: cómo bajó a las profundidades y rescató las llaves del infierno y de la muerte para que nosotros aceptando Su sacrificio tengamos vida y vida en abundancia. Hoy recordamos no sólo la pasión y la muerte de nuestro Señor Jesucristo, celebramos que ¡¡Él ha resucitado!!

Hay motivos para celebrar porque la resurrección de Jesucristo garantiza la victoria sobre todo enemigo todo el tiempo.

Es tan importante la cruz que Pablo dedica mucha de su literatura a hablar al respecto. En 1 Corintios 1:18 el Apóstol nos dice: “la palabra de la cruz es locura en los que se pierden, pero a los que se salvan, esto es a nosotros, la cruz es poder de Dios”.

Cuando nuestra Iglesia cumplió los 35 años tuve el privilegio de cantar una canción (está en una de nuestras producciones de himnos) compuesta por George Bernard en 1913; el título es: “En el monte calvario”, el cual termina expresando: “Yo siempre amaré esa cruz; en sus triunfos mi gloria será y algún día en vez de una cruz, mi corona Jesús me dará”.

Para los romanos del primer siglo, los contemporáneos de Jesús, la cruz era una manera cruel y despiadada de tortura y de ejecución. Se desnudaba a la persona que sería colgada en esa cruz, se la colocaba de tal manera que sufra por uno, dos o tres días hasta que finalmente el cuerpo no daba más y el instinto de preservación quedaba agotado por completo; el crucificado moría desangrado y asfixiado ya que para poder respirar tenía que hacer fuerza con los brazos que estaban clavados al madero produciendo un dolor atroz y terribles calambres. Muchas veces las aves de rapiña estaban listas para comenzar a comer al crucificado antes de que hubiese muerto.

Pablo –con otras palabras- dice: ‘la cruz’ para cada uno de nosotros no es símbolo de tortura ni de ejecución, ni de humillación ni de la crueldad por la manera despiadada en que los romanos mataban a sus víctimas; sino que para los que entendemos el alto precio que se pagó, ‘la cruz es poder de Dios’. Porque en ella el Hijo de Dios, Jesucristo, se entregó como el regalo de Dios al mundo; Él sufrió allí para que tú y yo tengamos victoria, para que podamos ser redimidos, para que a través de Sus padecimientos recibamos de Jesucristo todo lo que Dios tenía para cada uno de nosotros.

En esa cruz fueron clavados todas las actas y todos los decretos que nos eran contrarios; todo el prontuario de las cosas malas que hemos hecho fue clavado en aquella cruz y la sangre que Jesucristo derramó allí es la que nos garantiza el perdón de Dios.

Jesucristo sufrió por ti, sufrió por mí, para que ninguno de nosotros tengamos que padecer; para que no terminemos esclavos del pecado, para que podamos ser redimidos de la fuerza del pecado y de la muerte. Es a través del sacrificio de Jesucristo en la cruz que Dios pudo abrir un camino nuevo y vivo para cada uno de nosotros que estábamos muertos en nuestros delitos y pecados podamos acercarnos a Dios en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, lavados nuestros cuerpos con el agua pura. Gracias al sacrificio y la fidelidad de Jesucristo es que podemos mantener firmes y sin fluctuar la profesión de nuestra esperanza sabiendo que el que nos prometió la redención ha sido fiel.

Que cuando alces tus ojos a esa cruz puedas escuchar de los labios de Jesús: Hoy estarás conmigo en el reino de los cielos. Que al ver a Jesús en esa cruz puedas entender que allí el Señor llevó todas tus enfermedades y todas tus dolencias, y que el castigo de nuestra paz fue sobre Él y por Su llaga fuimos nosotros curados.

Hoy, acepta el sacrificio de Jesucristo en esa cruz; reconoce que Él pagó ese precio para que tengas redención y libertad; para que puedas decir con Bernard: “Yo siempre amaré esa cruz; en sus triunfos mi gloria será; y algún día en vez de una cruz (yo sé que Jesucristo) mi corona me dará”.

Cuando vemos la cruz no como un símbolo de derrota ni de muerte, cuando reconocemos la obra completa de nuestro Redentor y Salvador Jesucristo, entenderemos el poder de Dios; ese poder que se manifestó en la cruz para darnos vida, para sacarnos de las tinieblas, para traernos sanidad y para darnos salvación.

Hoy, domingo de resurrección, mira a Jesucristo triunfando sobre esa cruz; míralo lleno de gloria, lleno de esplendor como Aquél que venció la muerte, como Aquél que le arrebató al diablo las llaves del infierno y de la muerte. Mira a Jesucristo como el vencedor, y gracias a Su victoria en la cruz, cree que tú también eres más que vencedor por medio de Aquél que te amó y dio Su vida a cambio.

¡Ese Cristo ha resucitado!, y hoy, y cada día que estemos vivos, tenemos que celebrar Su resurrección y Su victoria ya que la resurrección de Jesús garantiza la victoria total sobre toda fuerza del enemigo.

Te invito a unirse a mí en esta oración; digámosle juntos al Señor:

Amado Jesús, te doy gracias por entregar Tu vida en esa cruz, por pagar tan alto precio y derramar Tu preciosísima sangre para rescatarme del pecado, para redimirme de la esclavitud. Gracias Señor Jesús porque a través de Tu muerte y resurrección yo hoy puedo tener vida nueva; acepto Tu obra redentora, te acepto como mi Salvador personal. Te entrego mi vida y te pido que a partir de hoy Tú seas real para mí; manifiéstate a mí, guíame a cada paso y en cada decisión. Te doy gracias por Tu salvación; en Tu Nombre. Amén y amén.