Iglesia Visión de Futuro

Escuela Kids diciembre 2018

Domingo 2 de diciembre

“Ante Dios, piensa bien lo que vas a decir” (Eclesiastés 5:2 TLA)

Eclesiastés 5:5-7; Mateo 12:36-37

Te doy mi palabra

Dios es nuestro Dios y todo lo que Él dice se cumple y lo que nos promete Él lo cumple. Esto mismo espera de cada uno de nosotros, Sus hijos. Las personas usamos las palabras para comunicarnos y hay palabras que podemos decir que nos acercan y otras que nos alejan. Las que nos alejan son las que muchas veces decimos sin pensar: esas palabras pueden ser palabras hirientes, palabras que decimos y no cumplimos.

Muchas veces cuando estamos emocionados, contentos por una oración que Dios contestó le hacemos promesas a Dios, hacemos pactos con Él que luego no cumplimos. Le decimos cosas lindas a Él y a nuestros pastores.  Luego, pasan los días, las semanas y los meses y  no nos acordamos de cumplir lo que le prometimos.

Pensamos que esto no traerá consecuencia sobre nosotros porque no vemos que nada nos suceda. Pero un día daremos cuenta de todo lo que hablemos y prometamos. El Señor dice “Más yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:36-37).

Fíjense que nuestra alma queda ligada al voto que prometimos y tenemos que cumplir, ya el Señor hablando a través de Moisés dijo: “Habló Moisés a los príncipes de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado. Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca” (Números 30:2).

¿Qué es una promesa o qué significa dar nuestra palabra?  La Promesa es un contrato por el cual una de las partes, o ambas, se obligan, dentro de cierto lapso, sea por el vencimiento de un plazo o por el cumplimiento de una condición.

Es decir que hacerle una promesa a Dios es decirle que Él haga algo por algo que yo prometo darle en gratitud a Su respuesta; lo que esto quiere decir es que cuando yo hago una promesa estoy obligado a cumplir y más si Dios ya cumplió Su parte del trato.

¿No decimos? Dios: prometo portarme bien; te prometo vivir en santidad, te prometo servirte, te prometo congregarme, te prometo ser fiel con mis diezmos, te prometo, y te prometo que…

¿No decimos? ¡Dios, si Tú me ayudas, si me haces este milagro, si me sacas de esto, si me sanas, si haces esto por mí, etc., etc., yo te prometo o hago pacto contigo que…

¿Cuántas veces le hemos prometido a Dios hacer esto, o dejar de hacer aquello en nuestra vida? ¿Cuántas palabras habladas? ¿Cuántos pactos no cumplidos? ¿Cuántas promesas incumplidas?

¿Sabías que al hacer una promesa o un pacto con Dios quedamos ligados por las palabras de nuestra boca y que debemos cumplirla? Dios dice en Su Palabra: “Te has enlazado con las palabras de tu boca, Y has quedado preso en los dichos de tus labios” (Proverbios 6:2).

Números 30:2 “Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca”.

Ahora este texto dice que hacer una promesa a Dios es como una atadura porque después de prometerle algo a Dios te has comprometido y has ligado tu alma a las palabras que has hablado.

Cuando hacemos una promesa a Dios y no la cumplimos nos convertimos en unos mentirosos. ¡Y Él dice que los mentirosos no entrarán en el reino de los cielos! Es por esto que Dios nos exhorta a lo siguiente: “Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio. Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas”. (Eclesiastés 5:1-5).

Veamos un ejemplo, Ana la mamá de Samuel.

1 Samuel 1:10-12 “ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza”.

Ana prometió, Dios cumplió y Ana cumplió lo que prometió.

Ana cumplió su promesa.

“Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová. Después subió el varón Elcana con toda su familia, para ofrecer a Jehová el sacrificio acostumbrado y su voto. Pero Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre” (1 Samuel 1:20-22–20).

¿Te das cuenta que Dios no olvida las promesas que le hacemos?

¡Pero mira esto! ¡Nuestra boca nos hace pecar! la palabra nos aconseja que: “No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos? Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios” (Eclesiastés 5:6-7).

¿Qué tenemos que hacer si hicimos un pacto o una promesa a Dios y no la hemos cumplido?

Cumplir tu promesa.- Cumplir la promesa significa hacer la parte que te corresponde y con la que te comprometiste. Jesús dice: “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:37). Tenemos que pensar en las promesas que hemos hecho y con la ayuda de Dios comenzar a cumplir. ¿Cuántas veces le prometiste algo a tus padres, hermanos, abuelos, maestros, amigos, compañeros?

Vamos a orar y pedirle a Dios que nos ayude a tener cuidado con las palabras que decimos, las cosas que prometemos tanto a Dios como a las personas.

El escalón 48 me enseña a ser responsable con mis palabras.

Dinámica familiar: Pensemos en las veces que prometimos y no cumplimos, oramos juntos, nos pedimos perdón y con la ayuda de Dios mejoramos en esto.

Actividad: Palabras que nos acercan a Dios y la gente. Completo la frase con ayuda.

T… Pr…m…t….  q….. l…. c…mpl….r….

Est….v…   m….l   l….   s…..nt….

Te p….d….    p…rd…n

Otras actividades con las que podemos mejorar en corregir nuestras palabras y actitudes. Utilice este tiempo para que los niños y pre puedan reflexionar sobre lo aprendido en clase.