Una restauración total
“Hace 8 años, Daniel fue ‘mi primer beso’ y mi primer marido. Él era un drogadicto, maltratador y alcohólico. Yo, una mala madre que fumaba, a veces me drogaba y tenía mucho rencor, ganas de matar a mi marido y deseos de suicidarme. Estuve muchos tiempo viendo espíritus, toda clase de males que me habían hecho en mi vida; Daniel, centrado en su egoísmo y odio a toda persona, no creía en la iglesia cristiana.
Un día lo invitan a una Célula, una semana antes de ir al Encuentro. Yo tenía ganas de matarlo y no podía dormir por el miedo que sentía. Ya no me pegaba, pero me trataba mal. Se sumó que a mi hija le diagnosticaron asma, alergia al cambio de clima y convulsiones. Sin ganas, empecé a ir sólo a la Célula. En eso vino Daniel del Encuentro muy cambiado, sensible, amoroso, me decía todo lo que sentía por mí…
Me preparé para ir al Encuentro y pasó lo increíble; en mi corazón me habló el Espíritu Santo diciendo que ya no iba a estar sola, que no estaba en peligro, que con Cristo estaría bien. Una y otra vez me decía: “No te vayas, quédate aquí, eres mi hija, ya no necesitas a nadie más”. Y sentí Su amor en mi corazón.
Este año empecé cosechando una buena y nueva casa, con trabajo para mi marido, comienzo a estudiar enfermería y el Señor ya me dio la certeza de que me respalda con lo mejor, porque ya antes de estudiar, estoy trabajando de enfermera auxiliar, y aprendo un montón. Mi hija se sanó y el Señor nos restauró en grandes partes de nuestra vida. ¡Gloria a Dios!!!! SOY FELIZ… somos un matrimonio sólido y hoy estoy en Cristo firme para servirle”.
Por Roxana Acosta