Iglesia Visión de Futuro

Sirve al Señor: apacienta las ovejas

Domingo 22 de febrero 2015

                 Sirve al Señor: apacienta las ovejas

Por Rvdo. Omar Cabrera Jr.

¡Qué placer poder saludarte en este año en que estamos declarando: ‘Yo y mi casa serviremos al Señor’!

Este mes estoy enfatizando la palabra ‘serviremos’.

Comienzo diciendo que, para servir al Señor tenemos que tener la actitud y el corazón que tuvo Jesús, quien dijo: «Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (San Mateo 20:28).

Servir es dar la vida; es renunciar a lo más preciado, es dejarlo todo por servirlo a Él, es poner al Señor como la prioridad número uno. Pero también, servir al Señor es guardar Su Palabra, no desviarme ni a derecha ni a izquierda de Su propósito; es sentir cómo la cobertura de Dios está sobre mí. Servir es presentar mi vida en sacrificio vivo delante de Él.

Los discípulos de Jesús sirvieron al Señor por tres años y medio, estuvieron con Él a cada paso: cuando lloró delante de la tumba de Lázaro, cuando caminó sobre las aguas, cuando multiplicó los panes y los peces; estuvieron con Él en los grandes momentos y en los momentos de soledad cuando les dijo: ‘Mi alma está angustiada hasta la muerte, velad y orad’. Jesús muere y cuando se les aparece como el Cristo resucitado, algunos de ellos dudaban. Dice San Mateo 28:16 y 17: «Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron lo adoraron; pero algunos dudaban».

¡Pero algunos de ellos, aunque lo adoraron, dudaban! Dudaban de que realmente fuera Jesús.

Tal vez uno podría plantearse este interrogante: ¿cuántos de los que adoran en la iglesia y ‘levantan manos santas sin iras ni contiendas’ tienen dudas en su corazón? Si estos discípulos que estuvieron con Jesús por tres años y medio dudaban, creo que muchos de nosotros cuando enfrentamos adversidades y luchas, muchas veces permitimos que la duda surja en el corazón.

Ellos, no sólo que dudaron, Jesús le dijo a Pedro: ‘el diablo te quiere zarandear como a trigo, pero yo he rogado que tu fe no falte’ (San Lucas 22:31).

Quiero que sepas que aunque sientas que Satanás te está zarandeando, sacudiéndote como un campesino sacude la paja de los granos de trigo, aunque te sientas como ‘una caña mecida por el viento’, hoy el Señor Jesús te dice: ‘estoy rogando para que tu fe no falle’. Él está en este mismo instante a la diestra de Dios el Padre intercediendo por todos, clamando por ti; y si entiendes el llamamiento, la batalla y las armas que Dios te ha dado, podrás unirte a Jesús.

¡Jesús está rogando por ti para que tu fe no falte!

Mi oración es que en este año en que nos propusimos servir al Señor más que nunca antes, tu fe no fluctúe, tu fe no falte; me uno a la oración de Jesús, ruego por ti que si bien el diablo te quiera zarandear como a trigo esa fe que Dios te puso en el corazón te alcance, se aumente, y te libre.

Jesús le dice: ‘Simón (o sea Pedro) cuando vuelvas…’, es decir: iría a la prueba, tendría que enfrentarla, por eso él ora para que la fe no le falte. A veces oramos: ‘Señor, sácanos de la prueba’, pero Él quiere que pasemos la adversidad, que enfrentemos la zaranda, y una vez que volvamos podamos ser el instrumento usado por Dios para confirmar a nuestros hermanos (lee los próximos versículos de Lucas).

Pienso en Benny Hinn quien pasó por una terrible zaranda que acabó en divorcio, su esposa con terribles problemas de adicción, su preciosa familia diseminada;  y luego de tres años él puede vencer a Satanás. Se casa de nuevo con la misma mujer –Suzanne-  con quien había hecho pacto y lo había roto; es decir se casa de vuelta y ahora, a través esta victoria puede continuar en el ministerio para fortalecer, ayudar, bendecir  a los hermanos que atraviesan situaciones similares.  De hecho, en nuestra Convención de diciembre pasado, la mitad de las personas que concurrieron pasaron adelante para ser ministrados por este Pastor en el área del matrimonio y en la familia.

Que puedas pasar la prueba difícil y obtener la victoria que Él tiene para ti, y ‘una vez vuelto’ seas un instrumento usado por Dios para traer fortaleza y bendición a tus hermanos. Que te mantengas firme y ayudes a tus compañeros para que sean fieles a Dios.

Dudaron, fueron zarandeados… me pregunto: ¿renunciaron al llamado? Acuérdate que los envió a Galilea; y Simón Pedro, Tomás, Natanael, los hijos de Zebedeo, otros dos discípulos se fueron a pescar. ¡Los que habían sido llamados por el Señor volvieron a la vieja vida! A la vieja rutina, a una vida cotidiana, normal, como si no tuviesen ningún llamamiento sobrenatural, sin servir al Señor. ¡Volvieron a la actividad de la pesca!

Y ahí, cuando iba amaneciendo, se les apareció Jesús en la playa; mas dice la Palabra en San Juan 21 que los discípulos ‘no sabían que era Jesús’ y Él les dijo: «Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar» (Versos 5-7).

Es allí donde el Señor tiene un diálogo con Pedro. El diablo lo había zarandeado al discípulo, Jesús se lo había anticipado: ‘antes de que el gallo cante dos veces me negarás tres’; y después de comer Jesús le dijo a Pedro: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos».

La mejor manera de servir al Señor es apacentando las ovejas (cuidando de Su rebaño que me confió).Sigue diciendo: «Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas». En tal ocasión el Señor le da tres oportunidades para que él le declarase su amor.

Estos discípulos que le habían servido siempre, cuando Jesús resucita, dudan, pasan por ‘la zaranda’. Uno podría indagar si habían renunciado al llamado; lo negaron al Señor tres veces… pero Él (siempre) les da una nueva oportunidad.

Que puedas aceptar en el día de hoy esa oportunidad que Él te da a ti, y dile: ¡Sí, te amo! ¡Sí, te amo! ¡Sí, te amo, Señor!  Jesús, para concluir su diálogo con Pedro le dijo: «Sígueme».

Señor: hoy me determino a seguirte, a apacentar Tus corderos, a pastorear Tus ovejas, a cuidar del rebaño y del ministerio que me diste. Pongo mis manos en el arado y me comprometo a servirte todos los días de mi vida. Hoy declaro: ‘yo y mi casa serviremos al Señor’; te serviremos, te seguiremos, cumpliremos con Tu propósito para nuestras vidas. Hoy nos sentamos en lugares celestiales y tomamos nuestro lugar de privilegio y ponemos todo por estrado de nuestros pies. Nos consagramos a Ti y te serviremos hasta el último aliento de vida. Amén y amén.