Iglesia Visión de Futuro

“Señor: devuélveme la salud”

Lunes 9 de abril
Por Omar Cabrera Jr.
Qué importante es estar determinados en la vida. Muchas veces tenemos adversidades, enfrentamos tormentas o vienen en contra de nosotros toda clase de ataques; pero el estar determinados declara el fin que vamos a obtener.
Pienso en una mujer (de quien la Biblia no me dice el nombre), aunque muchos por tradición dicen que se llamaba Lidia, quien había padecido de flujo de sangre. Puedes leer al respecto de esto en Marcos capítulo 5 comenzando desde el versículo 25 en adelante. Ella había sufrido mucho, había gastado todo el dinero que tenía en tratamientos, en especialistas, en buscar otra solución. Doce años, con esa condición, supuestamente no había mejorías; de hecho, la Palabra dice que “le iba peor”. Cada vez que surgía una nueva esperanza nacía esa fuerza nueva en el corazón; pero no podía ver una solución, no podía ver la respuesta, no podía obtener la victoria que tanto anhelaba.
Escuchó que venía Jesús a esa zona, podría haber dicho: “Bueno, ya probé con tantos especialistas…”. Hoy en día hasta se podría decir: “ya fui a curanderos, ya fui al parapsicólogo, ya fui a esa bruja que todo el mundo conoce y no pasa nada, hasta llamé a esas líneas de autoayuda…y tampoco. Qué voy a ir a escuchar a este hombre Jesús…”. Pero ella estaba determinada y cuando oyó hablar de Jesús se dijo: “Si tocare tan solamente (el borde) su manto, seré salva, seré sana (Vers. 28)”. Otra fe nació en su corazón, una nueva esperanza. No le importó la muchedumbre que apretaba a Jesús, toda la gente que estaba alrededor de Él, no le importó lo débil que se sentía después de doce años de tener estas hemorragias; nada de eso le importó, ella estaba decidida, ella estaba determinada a que su milagro ese día iba a suceder.
Muchas veces nos desanimamos, nos desalentamos al ver que probamos por tantos medios y no hay respuesta, no hay victoria, no hay salida; lamentablemente es como que estamos a punto de colgar los guantes, colgar los botines o tirar la toalla. Pero, a esta mujer no le importó todas las fallas y todos los intentos y todas las desilusiones del pasado; ella se enfocó en una salida, se enfocó en la respuesta que es Jesucristo. Él es el autor de la vida, Él es la puerta, entras por Él, sales y todo cambia.
Ella sabía que poniendo su fe en Jesús y determinada como estaba iba a experimentar el poder de Dios. Se le acerca, toca el borde del manto, Jesús se detiene y pregunta: “¿Quién me tocó?”. Finalmente, la mujer dice: Fui yo. Jesús la mira y la bendice diciéndole: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz y queda sana de tu azote, de tu enfermedad” (Vers. 34).
Que hoy te puedas determinar y declarar: “Yo no voy a bajar los brazos, yo no me voy a rendir, no voy a abandonar, seguiré peleando la buena batalla de la fe sabiendo que la respuesta viene en camino, sabiendo que el Señor ya pagó el precio por mi victoria, por mi sanidad, por mi liberación, por esa salida que anhelo. Hoy confío en Ti, Señor Jesús, y me determino a seguir peleando hasta obtener la victoria. En el Nombre de Jesús. Amén y amén”.