Iglesia Visión de Futuro

“¡Santificado seas, Padre!”

Serie: Cambiando la atmósfera

Domingo 30 de octubre de 2016

Omar Cabrera Jr.

Estoy convencido de la importancia de vivir una vida de oración. Pablo le dijo a la iglesia de Tesalónica: “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17), los estaba invitando a vivir una vida de oración, a vivir una vida de intimidad.

Orar es hablar con Dios pero no se detiene ahí sino que Dios me habla a mí. La oración no es un monólogo, es un diálogo dónde yo presento mis necesidades y el Señor me inunda de Su paz, me da la respuesta que necesito, me ilumina el entendimiento y me muestra dónde está esa salida.

Jesús les dijo a Sus discípulos “Ustedes deben orar así: «Padre nuestro que estás en el cielo»” (Mateo 6:9a – NVI). Sé que instintivamente sigues la oración, pero quiero que hagamos una pausa en cada una de estas frases que el Señor nos enseñó y que podamos sacar de cada una de ellas la profundidad y la riqueza qué el Señor dejó para cada uno de nosotros.

Entendamos que podemos llamarlo a Dios “Padre”, justamente porque Jesús derramó Su sangre en la Cruz del Calvario. Esa sangre me limpia de todo pecado y de toda maldad, me abre un camino vivo y nuevo para que pueda entrar a la Presencia del Señor; entonces, antes de decir “Padre”, tengo que decir “Gracias, Jesús, porque Tu Sangre me permite entrar, Dios me adopta como hijo. Es a través de Tu sacrificio que todos mis pecados son borrados y yo puedo tener comunión con Dios. Él que está en la luz y yo he sido librado de toda tiniebla”.

Sólo en esa frase: “Padre nuestro que estás en los cielos” tenemos tanto que reconocer y al hecho de poder llamar a Dios Padre, podamos sumarle el llamarlo “nuestro” porque todos somos parte del cuerpo de Cristo, razón por la cual debemos vivir en unidad, en un mismo sentir, en un mismo propósito. Cada vez que la Iglesia se ponía a orar con ese sentir (Él es nuestro Padre) se derramaba el Espíritu Santo. “Estaban todos unánimes juntos en un mismo sentir en un aposento alto” dice Hechos capítulo 2. Luego, igualmente en Hechos 4:24 y 29 “alzaron unánimes la voz a Dios y dijeron: Soberano Señor…  mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” y, otra vez se derrama el Espíritu Santo (versículo 31) porque vivían en unidad en la oración.

Imagínate cómo va a derramarse el Espíritu Santo de Dios en Argentina en este tiempo de clamor, de búsqueda y de oración. Si no te has unido a la Cadena de Oración, Ayuno y Renovación Personal de Argentina de Oramos por Vos, en Oramos.com.ar puedes unirte, ver los devocionales cada día y ser parte de este gran cuerpo de Cristo que está orando a ese “Padre nuestro que estás en los cielos”.

Lo próximo que dice es: “Santificado sea tu nombre”. Está hablándole a Dios, a ese Dios Trino, ese Dios Padre, ese Dios Hijo, Dios Espíritu Santo que se presenta a lo largo de la Biblia de tantas maneras. Es ese Dios que se presentó a Adán y a Eva, estaba en comunión con ellos y, en lo fresco de la tarde venía para tener comunión con Su creación. Lamentablemente, el pecado corta esa comunión pero Él sigue siendo Dios, mi compañía. Se diría JEHOVÁ NISSI, Jehová mi estandarte; JEHOVÁ TSIDKENU, el que es mi justicia; JEHOVÁ M´KADDESH, Dios es mi santidad. Cada uno de los nombres de Dios muestra, manifiesta una faceta de ese Dios al que santifico, al que adoro y al que yo exalto.

A mí mis hijas me conocen como “papi”, mi esposa como “querido”, mi iglesia como “pastor”, los empleados como “jefe”, muchos otros como “el traductor de” o “el abuelo de…”. Cada una de esas maneras de llamarme marca, demuestra o manifiesta una faceta de mi persona. Sigo siendo una sola y la misma persona, pero cada uno de esos nombres muestra una relación o una faceta de quién soy; pastor de miles, jefe de algunos, mentor de otros o discípulo de otros.

Dios -al presentarse en Su Palabra- como Jehová muestra Sanidad, Jehová nuestra Paz, Jehová nuestra Redención; El Señor nuestra santidad, Nuestro Estandarte lo que está diciendo todo esto es que  el gran “Yo Soy” se puede manifestar en nuestra vida. Cuando lo acepto como Padre, cuando santifico Su Nombre, cuando me aparto para estar en esa intimidad con el Señor y empiezo a conocerlo al Señor en todas Sus dimensiones voy a llegar a declarar como Job (42:5): “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven”.

Puedo entrar a la Presencia del Señor con acción de gracias para decirle: “Señor, gracias porque eres mi Justicia; te doy gracias porque eres mi Santidad; te doy gracias porque eres el Autor y el Consumador de mi fe. Te doy gracias porque eres mi Paz, mi Sanidad, mi Provisión. Gracias, Señor, porque Tú eres mi Pastor y nada me faltará porque me guiarás a lugares con delicados pastos, me guiarás por sendas de justicia, por amor a Tu Nombre. Y aunque ande en valle de sombre y de muerte no voy a temer mal alguno porque eres Jehová mi Pastor”.

Cuando uno empieza a exaltar y magnificar el nombre o los nombres del Señor las circunstancias de alrededor se ven cada vez más pequeñas. Esa enfermedad se ve cada vez más pequeña cuando exalto el nombre de JEHOVÁ RAPHA (Jehová mi Sanador) y cuánto más exalto el Nombre del Señor.

Muchos, en la oración, se enfocan en el problema: “Señor, esto es lo que tengo, esto es lo que me dijo el médico y esto es lo que estoy pasando, y esto es lo que investigué de esa enfermedad”;  se enfocan en la dificultad en vez de poner su mirada en el Señor y enfocarse en la solución y en la victoria. Hoy te desafío a que pongas tu mirada en el Señor, que pongas tu mirada en Jesús, autor y consumador de tu fe, el que estuvo dispuesto a pagar el precio para que seas redimido, para que seas justificado y para que seas santificado.

Cada uno de los nombres de Dios que mencioné se manifiesta en Su Hijo Jesucristo. Él es tu Pastor, Él es tu Paz, Él es tu Estandarte, Él es el que te protege, Él es el que está cuidándote y sosteniéndote con Su mano derecha. Adora, exalta, glorifica el Nombre del Señor y, vas a ver cómo todo lo que Dios tiene, cada uno de los beneficios de Su naturaleza se manifiestan en tu vida trayéndote fortaleza y seguridad.

Una vez que entiendo esa intimidad con Dios, viene el momento de tomar autoridad sabiendo quién me respalda. La segunda frase dice: “Venga tu reino, hágase tu voluntad”. Es una expresión enfática para que entendamos cómo tiene que establecerse el Reino de Dios y Su voluntad. Porque algunos oran y parecen tan lastimeras y acongojadas sus oraciones que nunca ven la autoridad delegada que Dios les dio y se pierden lo que Él tiene para ellos.

Estamos sentados juntamente con Jesucristo en lugares celestiales y todo ha sido puesto por estrado de Sus pies (Efesios 2:6 y Hebreos 10:13); todo está bajo tu pie porque si eres parte del cuerpo de Cristo no hay fuerza del enemigo que pueda estar por encima de ti, todo ha sido puesto por estrado de tus pies.

Hoy, santifica y exalta el Nombre del Señor y establece: “Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad en mi vida, en mi familia, en mi iglesia, en este país. Señor, ahora establezco Tu voluntad, en el Nombre de Jesús. Amén y amén.