Iglesia Visión de Futuro

¡Párate!

Domingo 16 de agosto de 2015

Serie: Oración por mi Nación (3)

Rvdo. Omar Cabrera Jr.

Hoy estoy desafiándote a que levantes un manto de oración sobre tu Nación, en bien de tu país, para que la mano del Señor no se acorte sino que se extienda en bendición y que Su diestra disipe las tinieblas y desbarate todo plan del enemigo.

Señor: veo Tu mano extendida sobre cada ciudad, cada provincia argentina, cada lugar de autoridad y cada puesto de eminencia. Creo, Señor, que el destino de Argentina va a cambiar y que Tu mano de poder se va a manifestar a favor de los que te amamos, a favor de los que te servimos y que Tú vas a intervenir en el destino de nuestro país.

Creo que Dios quiere que, como hijos, presentemos delante de Él nuestras peticiones, que levantemos un clamor para que el Señor tenga misericordia de nuestra tierra. Dios, a través de Ezequiel, dijo que ‘buscó a alguien que se pare en la brecha para que no venga destrucción sobre la tierra, pero lamentablemente, no lo halló’ (22:30).

El ejemplo de Esdras nos dice cuál tiene que ser nuestra actitud cuando nos enteramos de la condición nacional. Esdras (9:3) cuenta cómo lo santo se había corrompido, el pueblo había perdido su sal, perdió la responsabilidad de ser luz, dejó de ser influyente y se dejó influenciar. “Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo”. Todos estos hechos de Esdras hablan de un duelo, de un luto, de reconocer que algo se murió; cuando la iglesia deja de ser de influencia, cuando los cristianos dejamos de ser luz, cuando la sal que tenemos pierde el sabor, realmente es una muerte. Porque si Dios nos dejó en esta tierra es para que seamos hombres y mujeres de influencia, para que marquemos el rumbo, para que socorramos a los que están perdidos, para salvarles el alma, para traerlos al conocimiento pleno del Señor; pero cuando la iglesia se mezcla con la sociedad, cuando permiten que las abominaciones se introduzcan aun en su mismo seno, la iglesia ha perdido su sentido, ha perdido el motivo por el cual existe.

Como hijos de Dios, Él nos llama a ser luz, a marcar un rumbo diferente, a denunciar los males y los pecados de la sociedad y aun a decírselo a las mismas autoridades como lo hizo Juan el Bautista que le indicaba al gobernante más importante que no le era lícito tomar la mujer de tu hermano: «Es contra la ley de Dios que te cases con ella» (Mateo 14:4b NTV); como consecuencia de su osadía y coraje pagó un alto precio estando en la cárcel, dan la orden de que le corten la cabeza. Él estaba dispuesto a correr ese riesgo, la pregunta sería: ¿estás tú dispuesto?

Cuando llegó la hora del sacrificio de la tarde, Esdras rasgó sus vestidos, se postró y extendió sus manos a Jehová diciendo: “Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo” (Esdras 9:6). Y allí confiesa todos los pecados del pueblo, “Desde los días de nuestros padres hasta este día hemos vivido en gran pecado; y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados en manos de los reyes de las tierras, a espada, a cautiverio, a robo, y a vergüenza que cubre nuestro rostro, como hoy día” (v 7).

Si tomamos esta actitud y confesamos nuestros pecados a Dios, creo que el Señor va a quitar todo oprobio, toda vergüenza; va a cubrir nuestra desnudez, pondrá nuevamente en nosotros palabras de autoridad en nuestros labios, va a darnos Su respaldo para que lo que proclamemos arrepentidos delante de Él sea lo que se establezca para nuestra Nación.

Tantos profetas tuvieron que enfrentar situaciones terribles de injusticia y de violencia; fueron testigos de robos y de asesinatos, y nunca se quedaron callados -como siervos y profetas de Dios- denunciaron los males de la sociedad. Dios está esperando que se levante una generación así. Que en lugar de adular al que está en autoridad y darle un apoyo ciego nos paremos en la brecha para decir: ¡Esto a Dios no le agrada!, ¡Esto es pecado! Que podamos encender la luz en medio de una sociedad que está en tinieblas, y que al prenderla, toda tiniebla desaparezca.

Isaías describe la sociedad de hoy en día y dice: “Palpamos la pared como ciegos, y andamos a tientas como sin ojos; tropezamos a mediodía como de noche; estamos en lugares oscuros como muertos. Gruñimos como osos todos nosotros, y gemimos lastimeramente como palomas; esperamos justicia, y no la hay; salvación, y se alejó de nosotros. Porque nuestras rebeliones se han multiplicado delante de ti, y nuestros pecados han atestiguado contra nosotros; porque con nosotros están nuestras iniquidades, y conocemos nuestros pecados: el prevaricar y mentir contra Jehová, y el apartarse de en pos de nuestro Dios; el hablar calumnia y rebelión, concebir y proferir de corazón palabras de mentira. Y el derecho se retiró, y la justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir. Y la verdad fue detenida, y el que se apartó del mal fue puesto en prisión; y lo vio Jehová, y desagradó a sus ojos, porque pereció el derecho. Y vio que no había hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma justicia” (59:10-16). La descripción de Ezequiel en el capítulo 22 versículo 30 es lo que ve Isaías: ¡no hay quién se levante para resguardar al país!

Por eso hoy, como siervo del Dios Altísimo, estoy haciendo un llamado a todos los que tienen una carga por Argentina. Quiero sacarte de espíritu de impotencia e indiferencia y quiero levantar tus brazos, fortalecer tus rodillas endebles, para que te levantes, para que te pares en la brecha y clames al Señor; y si te humillas delante de Él vendrá un Redentor a Argentina y Dios se va a manifestar a los que se vuelvan de la iniquidad. Dios quiere hacer pacto con nosotros, quiere derramar de Su Espíritu y poner Sus palabras en nuestras bocas; creo que Dios te quiere usar para que proclames un nuevo destino para la Nación.

Señor: hoy tomamos ese compromiso, levantamos un clamor, creemos que Tú redimirás nuestra tierra, mirarás la condición de Tus hijos y restaurarás nuestra Nación para Tu gloria. Nos comprometemos a la oración y lo hacemos en el Nombre de Jesús. Amén y amén.