Iglesia Visión de Futuro

“No dejaré que se enfermen”

Lunes 8 de mayo de 2017

Omar Cabrera Jr.

Creo que la necesidad básica respecto de la cual recibimos más correspondencia, sobre la que nos escriben por WhatsApp o en mensajes a través de las redes y demás, es la de un milagro físico.

Sabemos que el milagro más importante es el milagro del nuevo nacimiento, el de la salvación. Pero mucha gente se acerca al Señor justamente porque necesita un milagro físico. Creemos que Dios sana y sigue sanando hasta el día de hoy. Jesús vino a esta Tierra, tenía la unción del Espíritu Santo, y “anduvo haciendo bienes y sanando a todos (los que estaban enfermos) oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38).

Dice la Palabra (en 1 Juan 3:8), inclusive, que Jesús, “el Hijo de Dios, (vino) para deshacer las obras del diablo”. El sanar es parte de la identidad de Dios. De hecho, cuando Dios se presenta al pueblo judío que había sido liberado con mano poderosa de Egipto, en las aguas de Mara, en esas aguas amargas donde el pueblo fue probado y falló, les dice: “—Si escuchas atentamente la voz del SEÑOR tu Dios y haces lo recto ante sus ojos; si prestas atención a sus mandamientos y guardas todas sus leyes, ninguna enfermedad de las que envié a Egipto te enviaré a ti, (y ahí Dios se presenta y declara) porque yo soy el SEÑOR tu sanador”. (Éxodo 15:26 RVA 2015).

Cuando el Señor interviene en nuestras vidas no hay lugar para que el diablo se manifieste y que la enfermedad se siga exhibiendo. Cuando el Señor interviene, la enfermedad se tiene que ir. Él tiene autoridad sobre toda fuerza del mal. Él tiene poder sobre todo engaño del enemigo; aun si hemos creído en nuestro corazón las mentiras del diablo (“Que de esta enfermedad no vamos a salir” o “Que esta es una condición crónica que la vamos a vivir toda la vida”), en el momento en que el Señor se manifiesta, se presenta, se hace real en mí, la enfermedad tiene que desaparecer.

Somete hoy tu voluntad a ese propósito divino. En Éxodo 23:20-21a Dios dice:He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado (una tierra en la que fluye leche y miel). Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde (obedézcanlo)”, y en el versículo 25 dice: “Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré (reprenderé, apartaré) toda enfermedad de en medio de ti”. Dios tiene autoridad para reprender toda enfermedad de en medio nuestro. Él tiene poder para restaurar mi vida, para proteger mi cuerpo, para darme salud, para que se vayan los dolores y para que la enfermedad desaparezca.

Que hoy le puedas decir al Señor: “Señor, yo me abro a Tu revelación, yo me abro, Señor, a Tu poder, manifiéstalo en mi vida. Que yo pueda sentir en este momento el vibrar de Tu Presencia, esa virtud sanadora que fluía de Jesús y sanó a la mujer con el flujo de sangre. Señor, que ese mismo poder, esa misma unción, hoy pudra todo yugo de mí, rompa toda carga, cancele todo temor, haga que todo síntoma desaparezca. Yo hoy recibo la fortaleza, la sanidad y la restauración. Señor, Tú me liberas, Tú reprendes de en medio de mí toda enfermedad, toda dolencia para la gloria de Tu Nombre. Yo hoy recibo paz en mi corazón y sé que no hay nada imposible para Ti. Lo declaro en el Nombre de Jesús. Amén y amén”.