Iglesia Visión de Futuro

“Mi  V.O.T.O. a Dios” (Serie “LA FIDELIDAD”)

Lunes 29 de enero 2018

Omar Cabrera Jr.

Estimados amigos qué placer poder saludarles, Omar Cabrera les habla.

Hemos estado teniendo un tiempo glorioso en la presencia del Señor. Algunos con el ayuno hasta adelgazaron los kilitos, ¿no?, los que uno junta durante las fiestas, el fin de año, excusas porque terminan el año, excusas porque empieza, pero terminamos comiendo por demás.

Uno de los días estuvimos hablando de la fidelidad, y Dios me dio una palabra al respecto de esto que me gustaría compartir en algunos días contigo en estas semanas que nos encontramos al comienzo del año.

Lo único que podemos ofrecerle a Dios es nuestra fidelidad. Dios nos da los talentos, Dios nos da los dones; Él nos da la salud, Él nos da la gracia; la sabiduría viene de Dios, uno la tiene que pedir y Él la dará abundantemente y sin reproche. Todo lo da Dios, lo único que aportamos nosotros, porque Él nos dio y nos creó con libre albedrío, es decir “Señor, sí, pongo mis manos en el arado y no voy a mirar para atrás”.  Eso es lo que yo aporto; de hecho, Pablo lo diría de esta manera en 2 Timoteo 2:13 (RV 95): “Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo”. Es parte de Su naturaleza el ser fiel. Prometió en el momento en que Adán y Eva pecaron que enviaría Su Hijo, el fruto de la mujer (o sea su descendencia) herirá a la serpiente (Génesis 3:15).

Ya desde ese momento Dios hizo la promesa, escogió un pueblo, escogió una familia y los instruyó en Sus caminos; lamentablemente ese pueblo le fue infiel muchísimas veces, y Dios le dio otra oportunidad y otra oportunidad, y otra oportunidad y los sacó del cautiverio y los sacó de la esclavitud y les mostró cómo tenían que hacer para acercarse a Él. Es lamentable: fueron infieles. Por eso es que Salomón en su oración dice: “Si se convierten a ti de todo su corazón y de toda su alma en la tierra de su cautividad, donde los hayan llevado cautivos, y oran hacia la tierra que tú diste a sus padres, hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la Casa que he edificado a tu nombre; tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada, su oración y su ruego, ampararás su causa y perdonarás a tu pueblo que pecó contra ti” (2 Crónicas 6:38-39), Salomón también sabía que esa es nuestra naturaleza humana.

Jesús buscaba discípulos que pudiesen ser fieles y vemos cómo trató con uno que le respondió: “Eh… tengo que hacer aquello…”, y “eh… mis padres”, “eh…” y… “eh… me gustaría, pero…”; y lamentablemente gente altamente calificada (escribas, doctores de la ley, hasta un joven rico que estaba en un puesto de autoridad), pero ninguno estuvo dispuesto a esa verdadera fidelidad y a pagar un precio.

Hoy te desafío a que pagues el precio, a que en este tiempo de intimidad que Dios marca, no le digas al Señor: “Eh… Señor, bueno… ¡mañana!”, o, “La semana que viene, Señor, te prometo que…”. Tal vez ni te estás congregando y Dios te está hablando en este momento y te está diciendo: ¡Es hora! A través de este servidor el Señor te está invitando una vez más a que te acerques a la comunión, a que te acerques a la presencia, a que cumplas tus votos con el Señor.

De hecho, la semana que viene voy a empezar con la palabra voto. V.O.T.O. y usaré cada una de esas letras para hablar de un área en la que nosotros -como hijos de Dios- tenemos que demostrar nuestra fidelidad.

Isaías (53:6), reconociendo nuestra condición, dijo: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; le dimos la espalda al Señor, nos revelamos, mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”. Que por gratitud al Señor puedas decirle: “Señor, este año te voy a ser fiel. Espíritu Santo, ayúdame a serlo, te lo pido en el Nombre de Jesús. Amén y amén”.