Serie: La Biblia (4)
Mi pueblo preferido, si…
Rvdo. Omar Cabrera Jr.
Antes que el pueblo judío entrase en la tierra prometida, Dios en el monte de Sinaí, le habla a Moisés y le dice: “Ahora, pues, si das oído a mi voz y (si) guardáis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es la tierra. Vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa” (Éxodo 19:5-6 RV95). Había una condición para que la promesa de ser Su especial tesoro se cumpla en sus vidas: ‘si dan oído a Mi voz y guardan Mi pacto’.
Creo que el plan de Dios no ha cambiado para nosotros, Su bendición desea manifestarse a nuestras vidas a diario, pero la condición sigue siendo la misma: ‘si dan oído a Mi voz y si guardan Mi pacto’.
El Señor Jesús habló de “los dos cimientos”; al terminar el sermón del monte le dice a aquellos que le estaban oyéndole, a aquellos que escucharon las bienaventuranzas y cómo tenían que ser con sus enemigos, a aquellos que escucharon el Padrenuestro y sobre el ayuno, que ‘la lámpara del cuerpo son los ojos’, qué pasa con aquellos que confían en Dios, y cuando les habló de la puerta angosta, entonces les dice: »A cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba cimentada sobre la roca.” (San Mateo 7:24-25 RV95). Pueden venir tormentas, pueden venir desgracias, pueden venir vientos en contra de su vida, pero si tiene la capacidad, la costumbre, el hábito o la destreza espiritual de oír la Palabra del Señor y ponerla en práctica –obedecerla- el Señor le garantiza que por más que haya adversidades, ‘su casa’ no caerá porque estará cimentada en esa roca que es Jesucristo. Esto lo que Dios le había a Moisés: “Si dan oído a mi voz”, en otras palabras: “Oyen lo que les dije, y guardan mi pacto (lo ponen en práctica, lo hacen, lo obedecen) ustedes serán este pueblo especial entre todas las naciones de la Tierra”.
Esto me hace acordar lo que dice Santiago quien exhorta a tener un oído atento a las palabras de Dios y una actitud obediente a ella, porque de no ser así de nada sirve, es vivir engañados. Santiago 1:22-25 dice: “Sed hacedores de la palabra y no tan solamente oidores engañándonos a vosotros mismos. (Porque) Si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, ese es semejante (es igual) al hombre que considera en un espejo su rostro natural; él se considera a sí mismo y se va, y pronto olvida cómo era. Pero el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace. Y esa es la promesa del Señor para usted, si hace/vive/obedece la Palabra del Señor será bienaventurado en todo lo haga.
Fue la promesa que Dios le dio a Moisés en el Sinaí: »Si ustedes obedecen mi pacto y cumplen con la parte que les toca, serán mi pueblo preferido entre todos los pueblos de la tierra. Toda la tierra me pertenece» (TLA). A Josué frente al río Jordán, Dios le dice lo mismo: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditaras en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que está escrito en él; (y mire la promesa) Porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).
Si entendemos que la consecuencia directa de obedecer la Palabra de Dios es Su bendición sobre nosotros, imagino que la estudiaríamos más, la escucharíamos más, le prestaríamos más atención, no veríamos la hora de encontrarnos en esa cita para oír la Palabra del Señor, para nutrirnos y alimentar el alma y fortalecernos en el ser interior; esto es más o menos lo que dice el Salmo 1:1a-2; David inspirado por el Espíritu Santo señala: “Bienaventurado el varón que (…) en la ley de Jehová está su delicia y en su ley medita de día y noche”; precisamente lo que Dios le había dicho a Josué (1:8): de día y de noche meditarás en él (el libro de la ley), para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Dice el Salmo 1:3: “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará”. Esa es la promesa de Dios para su vida, Todo lo que haga tendrá prosperidad, tendrá la bendición de Dios porque cumplirá con el propósito, el deseo, y el designio divino.
También me recuerda a lo que dice el Salmo 19, donde el salmista reconoce la importancia de la Palabra del Señor, y habla de cuánto nos beneficia. “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma” (vers. 7). Podría hacer una pausa ahí y pensar cómo muchas veces nuestra alma, la mente está bombardeada por tantas cosas que vemos en la televisión, por ejemplo, o comentarios cargados de pesimismo en el trabajo, la corrupción y las malas intenciones que se ven a diario… pero dice: “La ley de Jehová (o sea, la Palabra de Dios) es perfecta, que convierte el alma”, le pregunto: ¿cuándo fue la última vez que se dio una ‘ducha’ de la Palabra de Dios? Algunos nos acusan de secta, de lavado de cerebro… ¡cómo me gustaría que su cerebro fuese lavado por la Palabra del Señor! Continúa el versículo 7b: “el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo”, ¿quiere sabiduría? Busque el testimonio del Señor, estudie La Palabra. Verso 8a: “Los mandamientos del Señor son rectos, que alegran el corazón”, ¿Está triste?, lea La Palabra. Continúa la segunda parte del versículo: “El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos; muchas veces no tenemos claridad para tomar decisiones; muchos me escriben: -Pastor, ¿Qué hago en esta situación?, ó Reverendo, ¿dígame qué trabajo escojo?, ó ¿Es ésta la pareja que me conviene? Si quiere que sus ojos sean alumbrados por la sabiduría divina, que Dios ilumine el camino con el cual anda, lea La Palabra.
Las Palabras de Dios deberían ser Deseables (son) más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal” (Vers.10). Cada vez que me acerco a La Palabra sucede esto: la Palabra de Dios me llena de alegría, la Palabra de Dios convierte mi alma, la Palabra de Dios me hace sabio, la Palabra de Dios alumbra mi entendimiento. Me suena al Salmo 119, (le recomiendo leerlo completo), el cual exalta la Palabra de Dios, los 176 versículos hacen referencia a ella; el 105 dice: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”, para que cuando se encuentre en tinieblas la Palabra de Dios sea como una linterna que le ilumina hacia el camino correcto. Anhelo que la Palabra de Dios se convierta en un farol para sus pasos, y que al guardarla en su corazón sea limpio de todo aquello que la sociedad le ha tirado para ensuciarlo.
Déjeme orar por para que Dios le dé amor por la Palabra del Señor; tome este compromiso conmigo en esta hora.
Señor: te pedimos que Tú toques nuestro entendimiento, que nos ilumines, que nos llenes de gozo y hagas prosperar nuestro camino al ser guiados por la Palabra de Dios. No queremos ser oidores olvidadizos, Señor, queremos dar oído a Tu pacto, guardarlo, cumplirlo. Señor, que Tu mano de bendición esté sobre nosotros, y que Tu Espíritu Santo nos guie a toda verdad cada vez que nos acercamos a Tu Palabra, a la Biblia, para aprender más acerca de Ti. Gracias por este tiempo de comunión contigo. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos, en el Nombre de Jesús. Amén y amén.














