Iglesia Visión de Futuro

Mes de la Biblia (3)

Serie: La Biblia (3)

PAN = Obedecer todo lo que Dios manda

Rvdo. Omar Cabrera Jr.

La Palabra de Dios dice que luego que Jesús fue bautizado, el Espíritu lo  llevó al desierto para ser tentado por el diablo. Y se produce un diálogo entre el tentador y Jesucristo, nuestro Señor; después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches dice que Jesús sintió mucha hambre: “Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (San Mateo 4:3).

‘Póngase en las sandalias de Jesús’, (no podemos decir “póngase en los zapatos ya que usaba sandalias), e imagínese qué hubiese sentido si de repente, después de cuarenta días de ayuno, en medio del desierto se le acerca alguien y le dice: -Tienes poder para convertir estas piedras en pan,  ¡conviértelas!;  ¿qué hubiese hecho, usted?  Creo que la Palabra del Señor (en el versículo 4) y la respuesta de Jesucristo nos dan la guía de qué hacer en un caso así: “El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre (o sea, no tienes que vivir de aquello que sacia tu carne que sacia tus emociones, que sacia tus sentidos, de lo que te sacia momentáneamente); sino de toda palabra que sale de la boca de Dios, que ese sea su alimento en el momento de la tentación. “No sólo de pan vivirá el hombre”, no solamente de la salida fácil, ni de la respuesta que todo el mundo te sugiere; en el momento de hambre, no te vuelvas a ‘Egipto’, busca la Palabra de Dios y que Él te guíe qué es lo conveniente hacer.

“No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”; San Pedro lo diría de esta manera: “Desechad, pues, toda malicia, todo engaño, (hipocresía, envidias y toda maledicencia, y desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, ya que habéis gustado la bondad del Señor”. (1 Pedro 2:1-3). Estábamos volviendo cansados, mi señora y yo, de un viaje muy largo; y en el asiento de atrás viajaba un bebé que daba la impresión de no haber comido por varias horas –tal vez unas 6-, y lloraba, lloraba y lloraba, ¡no paraba de llorar esa criatura…!, hasta que finalmente la mamá le dio el biberón, y él se lo devoró. ¿Vio que si uno no le da de comer al bebé no hay forma de acallarlo? Si está hambriento, no para de reclamar su leche hasta que no la recibe; bueno, Pedro nos está diciendo que de esa manera, como niños recién nacidos, debemos desear la leche espiritual no adulterada; que tengamos tal deseo por la Palabra de Dios que no haya nada que nos lo pueda saciar; ni libros de pensamientos positivos, ni libros de liderazgos, ni libros que enseñan cómo vivir y tener un hogar feliz, ni libros de cómo criar a los hijos para que tengan éxitos en la vida… ¡Que nada te sacie el hambre como la Palabra de Dios!, ¡desea como un bebé recién nacido la Palabra del Señor!

Viva su vida de esa manera; que no pueda subsistir, que no pueda sobrevivir si no se alimenta de la Palabra de Dios. “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Cada vez que usted siente ese vacío interior, esa languidez, esa hambre que pueda saciarlo con la Palabra de Dios. Cuando Jesús responde al diablo que lo venía a tentar, estaba citando las Sagradas Escrituras, en Deuteronomio 8, donde Dios le está hablando a Su pueblo, y le dice: »Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, seáis multiplicados y entréis a poseer la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres” (Vers.1); oír y obedecer, no ser oidores olvidadizos, es exactamente lo que Dios está diciendo aquí. ¡Ojo! Pongan por obra todo mandamiento que yo les ordeno hoy; no dice “que les sugiero o recomiendo”, sino “les ordeno… para que vivan sean multiplicados y entren a poseer la tierra que Dios les prometió con juramento a sus padres”.

Deuteronomio 8:2 sigue diciendo: “Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová, tu Dios, estos cuarenta años en el desierto, (ellos no quisieron oír la Palabra del Señor, y lamentablemente a causa de eso y por murmurar, por quejarse en contra de Dios, por querer volver a Egipto, dieron vueltas por cuatro décadas en el desierto.  Yo creo que hay mucha gente que está ‘dando vueltas’ en la vida por no escuchar cuál es el propósito de Dios para ellos). Y continúa: “para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos”.

Versículo 3: “Te afligió, te hizo pasar hambre y te sustentó con maná, comida que ni tú ni tus padres habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”. El diablo provocaba al Señor: ‘Hacela fácil; convertí esas piedras en pan; satisface tus deseos carnales’, pero Jesús estaba diciendo: “Yo no voy a obedecer a mis emociones, yo no voy a obedecer a mis deseos; yo voy a ser fiel a mis convicciones, a lo que he aprendido, a lo que Dios me ha dirigido hacer; no solo voy a vivir de pan sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Cada vez que nos abrimos a esa palabra, viene de Dios la sabiduría, viene de Dios la gracia, viene del Señor la iluminación para saber qué tengo que hacer, cómo tengo que enfrentarme a las adversidades de la vida, a través de esa palabra y de alimentarme con esa palabra soy edificado y fortalecido en mi fe.

San Pablo, cuando se estaba despidiendo ya a punto de ir a Roma, para enfrentarse a su destino les declara (Hechos 20:32): »Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados”. Si usted se alimentase diariamente de la Palabra de Dios estaría sobreedificado y fortalecido, y además, tendría la herencia prometida con todos los que Dios consagró para Sí. Que a través de la Palabra de Dios pueda sobreedificarse y fortalecerse; que a través de la Palabra de Dios sea alimentado su espíritu para que cuando vengan las tentaciones del diablo las pueda resistir fortalecido y tomado de la mano del Señor.

Ore junto conmigo.

Señor, enséñame el camino de Tus estatutos y lo guardaré hasta el fin. Dame entendimiento para guardar Tu ley y la cumpliré de todo corazón. Guíame por las sendas de Tus mandamientos. Inclina mi corazón a Tus testimonios. Aparta mis ojos para que no se fijen en cosas vanas. Avívame en Tu camino. Y confirma, Señor, Tu palabra a Tu siervo que te teme, que los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón sean gratos delante de Ti, oh Jehová, Roca mía y Salvador mío. Gracias, porque sé que Tú siempre me oyes y respondes a mi clamor, en el Nombre de Jesús. Amén y amén.