Iglesia Visión de Futuro

“Medicina para los huesos”

Domingo 28 de agosto de 2016

Omar Cabrera Jr.

Quiero hablarte de sanidad para nuestros huesos. Estuve compartiendo en unas reuniones de milagros la historia de Jesús y estos cuatro amigos que le traen a un paralitico para que lo sane. No podían entrar, había una multitud; abren el techo, bajan la camilla y queda a los pies del Señor Jesús y Él, al ver al paralítico en esa condición, en vez de ministrar a su problema físico, apunta directamente al problema del alma, del corazón y le dice: “Hijo, tus pecados te son perdonados” (Mateo 9:2b).

Uno diría que la necesidad evidente y aparente es la física, cómo va a ministrarle al corazón. Pero, si uno empieza a analizar la Palabra del Señor descubre que muchas veces los problemas en los huesos son consecuencia de una situación emocional. Le doy ejemplos.

Salmos 31:10: “Porque mi vida se va desgastando de dolor, y mis años de suspirar; se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad (maldad), y mis huesos se han consumido”. Por la maldad que esta persona tenía declara “mis huesos se están consumiendo por dentro”.

Salmos 38:3 dice algo parecido: “Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira; ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado”.

Cuando bajaron a ese muchacho en esa camilla en medio de la reunión en la cual Jesús estaba enseñando y le dijo: “Hijo, tus pecados te son perdonados” estaba yendo a la raíz del problema y no solamente tratando de resolver los síntomas evidentes.

Proverbios 14:30 dice: “El corazón apacible es vida para la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos”; yo creo que si los médicos entendiesen esto, tratarían diferente a la gente si tiene osteoporosis o problema de debilidad en los huesos. Dice que “la envidia es el carcoma de los huesos”; o sea que el pecado afecta los huesos, la ira afecta los huesos, la envidia afecta, corroe los huesos. Mientras que Proverbios 17:22 (RV 1995) declara: “El corazón alegre es una buena medicina, pero el espíritu triste seca los huesos”; tanto mi maldad, mi pecado, mi envidia, la tristeza que estoy viviendo, todo esto afecta mis huesos hasta consumirlos, hasta carcomerlos. Sin embargo, creo que el Señor trae esta revelación a tu vida porque quiere traerte libertad… y voy a orar para que el Señor manifieste Su poder y puedas recibir liberación, la libertad de Dios en todo tu ser.

Mi padre solía contar que en una de las reuniones llamó a todos los que tenían problemas de huesos; pasan todos los que tenían artrosis, reuma y una mujer con reuma deformante, quien quería enderezar las manos y no podía. Ella había sido una persona muy rica y pierde toda su fortuna cuando mueren sus padres; la mejor amiga, rica, también, la invita a vivir en su casa. Ella creyó que eso era bueno pero la trató como una criada, como una sierva, casi como una esclava todos los días de su vida. Y así nació en ella un deseo inconsciente de querer ahorcar a su amiga; por eso la deformidad en las manos, era el deseo instintivo de querer destruir a la persona que tan mal la había tratado, que tanto daño le había hecho. En el momento en que pasa al frente, mi padre guía en oración donde sueltan a aquellos que tanto daño le habían hecho y extienden el perdón del Señor porque Jesús nos enseñó: “Y perdónanos nuestras deudas, como también  nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12). Ella devuelve el perdón, y en el momento en que lo hace, su vida es liberada, sus manos son sanadas, el movimiento es restaurado para la gloria de Dios.

Creo que cada uno de nosotros tenemos que tomar la decisión de soltar a aquellas personas que nos han hecho mal, porque de no hacerlo así, eso se convierte en una raíz de amargura en nuestros corazones que nos afecta físicamente, que afecta nuestras arterias y que aun produce úlceras en el estómago, que se sintomatiza afectando nuestros huesos y coyunturas. Hoy, con el perdón que vas a soltar, vas a sentir que el aceite del Espíritu Santo comienza a lubricar tus huesos, comienza a aceitar tus coyunturas, y toda esa deformidad Dios la va tocar y vas a poder sentir que eres libre de todo tormento, de toda enfermedad y de todo dolor.

Proverbios 3:8 (RV 1995) dice que ‘si temo al Señor y me aparto del mal’, esto “será medicina para tus músculos, y refrigerio para tus huesos”; la buena noticia es que conforta, sana y fortalece tus huesos. Te doy buenas noticias: hoy el Señor te va a tocar los huesos, vas a sentir cómo el poder de Dios fluye a través de tu cuerpo y Dios te va a restaurar por completo.

En Isaías 58:11 (RV 1995) el profeta declara: “Jehová me pastoreará siempre, en las sequias saciará mi alma y dará vigor a tus huesos. Será como un huerto de riego, como un manantial de aguas, cuyas a guas nunca se agotan”.

Que hoy puedas declarar “el Señor va a traer fortaleza a mi vida, va a traer vigor a mis huesos, voy a sentir que el Señor me fortalece; hoy tomo la decisión de perdonar y de soltar a aquellos que me han hecho mal”, y vas a poder decir tal como Jesús en la Cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”; y en ese momento el poder de Dios va a entrar en tu vida y vas a poder sentir que toda esa opresión, que todos esos dolores, todo ese malestar, ese reuma deformante, esa artrosis o esa artritis Dios se la lleva y te hace completamente libre para la gloria de Su Nombre.

Hoy el Señor trae buenas noticias a ti; que puedas aceptar el plan de Dios para ti y experimentar Su favor.

Señor: Yo en esta hora te pido por cada uno de los que están sufriendo tormentos, angustia, dolor, que no pueden dormir de noche, que les cuesta levantarse, que no pueden cumplir con ninguna actividad ni desarrollar ninguna tarea por causa de los dolores y por las ataduras y ligaduras que sienten en sus cuerpos, en sus huesos, en los tendones, en los nervios, en las coyunturas. Señor, te pido que el aceite de Tu Espíritu Santo ahora comience a operar.

Al leer esta oración te animo a que te unas a mí para soltar perdón a aquellos que nos han ofendido y nos han herido; di conmigo:

Señor: Yo hoy perdono a todos aquellos que me han hecho tanto daño; los suelto, los dejo libres; cancelo toda ofensa que ellos me han hecho. Hoy los bendigo y te pido que así como yo los perdono Tú los perdones y que a través de este proceso glorioso yo pueda sentir que comienzo una nueva etapa de sanidad, de salud y de restauración para toda mi vida. Gracias, Señor, por haberme perdonado, Gracias, Señor, por permitirme perdonar; gracias, Señor, por Tu sanidad que se manifiesta en mí, ahora. Te bendigo y te doy gloria en el nombre de Jesús. Amén y amén.