Iglesia Visión de Futuro

La ley de la bendición

Domingo 7 de junio

Por Omar Cabrera Jr.

¡Estimados amigos es un placer poder saludarles! Siempre es un gozo para mí transmitir Palabra de Dios a sus vidas, Palabra que no vuelve a Él vacía, sino que produce aquello por lo cual Dios la envió.
Hemos recibido como iglesia una palabra profética de que Dios quiere enriquecernos, bendecirnos, multiplicarnos, prosperarnos. Basándome en esto, me gustaría presentar algo que para mí y mi familia ha sido básico, porque lo hemos vivido y practicado siempre: Los principios del dar, sabiendo que las bendiciones del Señor se mantienen fluyendo cuando nosotros nos mantenemos dando. Con esto reconocemos que la bendición del Señor, es la que enriquece y no añade aflicción con ella (Proverbios 10:22).
Partiendo de este pensamiento, me gustaría compartir lo que dice la Palabra del Señor en Deuteronomio 14 cuando habla de la ley del diezmo, ya con el título me habla de lo importante que es para Dios y que Él lo toma muy en serio.
Una de mis hijas estaba terminando el trámite de su licencia de conducir y me decía que hay 3 maneras de interpretar o entender el tráfico, las leyes y cómo uno debe conducirse. Primero, uno se basa en las leyes de tránsito; luego si hay algún cartel escrito con una advertencia o indicación y por último (que supedita todo lo anterior), la presencia de la autoridad policial. Esto quiere decir que si algún policía nos da una orden, va por encima de lo que digan las leyes o de lo que esté expresado en los carteles. Y con esto, yo pensaba que en cuanto al darle Dios, Él nunca cambió Su parecer. Desde el Antiguo Testamento Él estableció que teníamos que apartarle nuestro diezmo. Algunos dicen: “Bueno pero en el Nuevo Testamento no está explícitamente escrito que tenemos que diezmar”. En cuanto a esto un pastor medio enojado dijo: “Tampoco está escrito en el Nuevo Testamento ‘no matarás’, así que por eso yo puedo matar”.
Creo que Dios no cambió de parecer. De hecho, en el Nuevo Testamento, luego del sacrificio de Jesucristo, cuando Él lo da todo por nosotros, da a entender qué se nos exige… no sólo darle al Señor el 10%, sino todas mis fuerzas, toda mi mente, todo mi corazón; entregarle a Él todos mis recursos. De hecho Jesús explica, cuando Pedro le dice en Marcos 10: “¿Qué de nosotros, que lo hemos dejado todo y te hemos seguido?… Les aseguro —respondió Jesús— que todo el que por mi causa y la del evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o terreno recibirá, cien veces más ahora en este tiempo (casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y terrenos, aunque con persecuciones); y en la edad venidera, la vida eterna” .

Volviendo a Deuteronomio 14, Dios establece en el versículo 22: “indefectiblemente diezmarás”. Ya con esa introducción, sabemos que sí o sí Dios espera que le traigamos el diezmo. Sí o sí tenemos que darle al Señor lo que es del Señor. Dijo Jesús: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él” (Marcos 12:17).
La palabra indefectible significa: sin evitarlo, sin dilatarlo, sin defecto. Indefectiblemente diezmarás. Yo pienso, el que no diezma está en una falta, está en un defecto, algo está mal. Aunque muchos dicen: “Bueno, yo no doy el diezmo porque no creo en eso”. Y no es si yo creo o no, es si yo obedezco o no obedezco. Tanto aquí en Deuteronomio como en Malaquías dice que tengo que dar el diezmo de todo. ”Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año” (Deuteronomio 14:22). Y pienso lo que dice en Malaquías 3:10: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa” (más adelante hablaremos de los beneficios de diezmar en base a Malaquías capítulo 3). Pero tenemos que entender que de todo lo que me ingresa: sueldo, comisiones, retroactivos, ganancia de la venta, inversiones que haga; de todo lo que me ingresa tengo que llevarle los diezmos a Dios. Aún del aguinaldo o cuando me dan el dinero para las vacaciones, o cuando me dan algún bono navideño o algún premio. La Palabra de Dios dice que tengo que traer el diezmo, indefectiblemente, de todo el producto, de todo lo que obtenga, de todo lo que gane. Aún si en la empresa por usar mi vehículo me dan un plus o me dan viáticos, que son parte de mi beneficio, aun de eso debo apartar el diezmo para el Señor.
Y continúa diciendo en Deuteronomio 14 que la gente tenía que juntar todo lo que producía el grano, el vino, el aceite, aún las primicias de las manadas, de los ganados, todo lo que obtenían tenían que apartar el diezmo y traérselo a Dios.
Y como no había templo en cada ciudad, Dios dice: “Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere”. No es si Jehová tu Dios te ha bendecido sino cuando te haya bendecido, o sea que la bendición del Señor viene, es algo seguro, no es que tal vez pueda suceder o que por alguna casualidad fortuita llegue a ocurrir. Por eso dice en el momento en que suceda, como algo garantizado. Continúa: “entonces lo venderás y guardarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere; y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia”. Quiero hacer el énfasis en el hecho de que Dios se enfoca más en la cosecha que en la siembra. Lo podemos ver en Lucas 6: 38 donde dice: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo”. Observemos que solo una vez dice ‘dad’, y si prestamos atención, continúa describiendo cómo será la cosecha que llegará a mi vida. Me dice: “Te viene la bendición, será abundante, remecida, va a rebalsar…”.
En Deuteronomio inclusive lo dice así: “Y entregarás el dinero por la cosecha que desees. Por vacas, por sidra, por vino, por ovejas, o por cualquier cosa que tu desees” (Vs 26). Dios nos pide que indefectiblemente diezmemos, pero Su énfasis es: “Andá, da la ofrenda, el diezmo, deléitate ahí, come en la casa del Señor y da por lo que desees”.

En los sobres de diezmos de nuestra iglesia hay un espacio con varios renglones, para que cada uno coloque allí cuál es la petición, la necesidad; si es vino, vacas, ovejas… hoy: un nuevo coche, el título de su hijo, el dinero para ese viaje, el permiso laboral para ir la Convención. Sea cual fuere su petición, usted puede presentársela delante del Señor con acción de gracias y saber que Él se encargará de traer esa bendición a su vida.

Yo creo que Dios tiene grandes planes para cada uno de nosotros, pero la clave es que seamos obedientes a la ley; así como obedecemos las leyes de tránsito, así como respetamos la ley de la gravedad, así como somos considerados de las leyes que protegen los derechos de los demás; Dios establece una ley: La ley del diezmo.

Es mi oración que usted pueda llegar a experimentar riquezas que ni siquiera se imagina, bendiciones que ni esperaba, multiplicación en áreas donde siempre hubo escasez. Que usted pueda disfrutar esa lluvia de bendiciones porque hoy se determina a dar sus diezmos y sus ofrendas al Señor. Le bendigo en el nombre de Jesús. Amén y amén.