Iglesia Visión de Futuro

Intercede como Nehemías

Domingo 9 de agosto de 2015

Serie: Oración por mi Nación (2)

Rvdo. Omar Cabrera Jr.

Quiero motivarte a ser un intercesor, un guerrero que levante oración y clamor, un obrero que se para en la brecha para que la destrucción sobre la nación sea cancelada.

Cuando el pueblo estaba esclavo en Egipto, dice la Palabra del Señor en Éxodo capítulo 2, que todos levantaron un clamor a Dios y Dios escuchó ese clamor y mandó a un libertador. Y allí comienza la historia de cómo Dios usa a Moisés para liberar con mano poderosa a todo Su pueblo que el yugo del Faraón les había impuesto y cómo de una manera sobrenatural -con milagro tras milagro, señales y prodigios- Dios los saca de la servidumbre. Y no sólo quedan libres sino que se llevan las riquezas de Egipto. ¿Quién iba a pensar que este pueblo, que estuvo cautivo más de cuatrocientos años, al intervenir Dios, iba a terminar como terminó: llevándose las riquezas, el ganado, siendo libres de la noche a la mañana? Cuando Dios interviene puede hacer cosas asombrosas.

Nuestro país no ha sido esclavo como Israel por 400 años, pero hemos vivido años muy duros, muy difíciles, con guerras, rumores de guerra, terribles calamidades, crisis económicas (que en otros países no pueden entender), pero a pesar de todos los ataques que el enemigo nos ha lanzado, ‘el yugo que el Faraón’ quiere imponer sobre nosotros, la influencia de la sociedad que cada vez está más corrompida y es más perversa y oscura… A pesar de todo eso, siempre el Señor ha encontrado un remanente que Él usa para cambiar el destino de la nación. Gracias a ese remanente, a esos hombres y mujeres fieles que clamaron, oraron y lloraron delante de la presencia del Señor, es que Dios ha traído tantas bendiciones a Argentina, es que hemos visto Su mano a través de diferentes movimientos en el pasado… Sin embargo, creo que el Señor quiere traer un nuevo mover, una nueva manifestación, un nuevo avivamiento en Argentina. Pero para eso tiene que haber un pueblo que se tome el compromiso, la carga de orar y clamar para que Dios cambie el destino de nuestro país.

Pienso en Nehemías. Él se entera cómo estaba la situación en Jerusalén (le avisan que el muro estaba en ruinas y sus puertas destruidas por el fuego) y la reacción de Nehemías tendría que ser la nuestra. Si bien estaba lejos de la situación, podría haber dicho: “a mí no me afecta, donde vivo estoy bien, no he tenido las problemáticas que tiene el resto del país”, o la frase tan conocida “yo, argentino…”, “mientras no me toquen el bolsillo a mí, estoy bien…”. Pero la Biblia dice que cuando Nehemías escuchó la condición de Jerusalén (pienso en Argentina cuando digo Jerusalén) ‘se sentó y lloró, e hizo duelo por algunos días, y ayunó y oró delante del Dios de los cielos’ (1:4). ¡Esa tiene que ser nuestra actitud al escuchar de las injusticias, la violencia, de los ataques que están planeándose, ¡por las cosas que están sucediendo en Argentina! Tenemos que tomar la carga por la oración, darnos cuenta que si no intervenimos y nos ponemos de rodillas delante del Padre… no habrá otros que lo hagan. ¡Tenemos que responder a este llamado a la oración!

Qué interesante que la Biblia menciona que Nehemías ‘oró delante del Dios de los cielos’. Me hace pensar en las palabras de Dios a Salomón al dedicar el Templo en 2 Crónicas 7:14: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré vuestra tierra”.

La oración de Nehemías fue: “Te ruego, Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guardas el pacto y tienes misericordia de los que te aman y observan tus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago delante de ti, día y noche” (Nehemías 1:5,6a). El clamor tiene que ser sin cesar, de día y de noche; creo que Dios busca más hombres y mujeres que se tomen el compromiso de unirse a esta cadena para que cada eslabón de esta cadena sea más fuerte, que realmente cause un impacto y estremezca los cielos desde donde Dios nos oye.

La actitud que tuvo Nehemías fue confesar los pecados de los hijos de Israel: “yo y la casa de mi padre hemos pecado” (1:6c). Muchas veces cuando oramos tomamos una actitud santurrona: – ¡Ay… Señor… ten misericordia de todos los pecadores!, pienso en la parábola que les contó Jesús a unos que se creían muy buenos y despreciaban a los demás (Lucas 18). Les dio el ejemplo de dos que oraban en el templo; del fariseo con una actitud arrogante (“no soy como los otros…”) y un cobrador de impuestos que se tiró en el piso y se golpeaba el pecho y decía: “Señor, sé propicio a mí, porque soy pecador”. “¡Dios, ten compasión de mí, y perdóname por todo lo malo que he hecho!” (Vers. 13b RVR y TLA). Y el Señor Jesús declara que ese que pidió misericordia volvió perdonado a su casa mucho antes.

Creo que, si como pueblo argentino, nos humillamos delante de Señor, doblamos nuestras rodillas, nuestro orgullo, doblegamos nuestra cerviz dura, ‘Dios va a oír desde los cielos, va a perdonar nuestros pecados y va a sanar nuestra tierra’. Que podamos ser como Nehemías quien oró: “En extremo nos hemos corrompido contra ti y no hemos guardado tus mandamientos”, Señor. “Acuérdate ahora de la palabra que le diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre” (vs 8 y 9).

Señor: hemos pecado contra Ti, hemos hecho lo malo, nos hemos corrompido, no hemos guardado Tus mandamientos ni Tus estatutos; no fuimos obedientes a los preceptos que le diste a Moisés, Tu siervo. Pero hoy te pedimos: acuérdate de Tus promesas. Ahora nos volvemos a Ti, nos arrepentimos y te pedimos: ¡ten misericordia y sana nuestra tierra, establécela en Tus propósitos! Te lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén y amén.