Iglesia Visión de Futuro

Firmes contra el enemigo

Lunes 2 de julio 2018

por el Rvdo. Omar Cabrera Jr.

Últimamente estamos en una llamada de alerta, despertando el espíritu de aquellos que están adormecidos ante las situaciones que estamos viviendo en nuestro país. La Palabra que quiero proclamar sobre esta semana se encuentra en Efesios capítulo 6.

Pablo se enfrentaba a los soldados romanos cotidianamente, de hecho, muchas de sus epístolas las escribió desde la cárcel y él dice: “Por lo demás, (o sea, aparte de todo lo que ya les declaré, y aparte de todo lo que ha pasado) hermanos míos fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerzas”.  Y Pablo nos dice que tenemos que “Vestirnos de toda la armadura de Dios, con el fin, con la intención de estar firmes en contra de las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne…” (Efesios 6:10-12 a). Y me gustaría hacer una pausa acá. Hay mucha gente que está siendo usada por el enemigo, usada para traer una agenda de muerte (como ya lo dije semanas anteriores) o para impulsar leyes que van en contra de la moral, de la ética, en contra de los principios de la vida, de la concepción. Pero, nuestra lucha no es contra esa gente, ni con las mujeres que rocían con spray la cara de aquéllos que defienden una iglesia o algún monumento o tratan de defender la vida. Nuestra lucha es en contra del espíritu que está detrás de esas personas. Por eso es que Pablo aclara continuando el versículo 12: “sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.

Habla de esa segunda atmosfera donde está gobernando el reino de las tinieblas, en donde el diablo cayó cuando cae en pecado. Allí, desde arriba, las fuerzas del mal quieren oprimir a los hijos de Dios.

Y Pablo dice: “tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Vs. 13) No es tiempo de retroceder. Hebreos, capítulo 10, versículo 38 dice: “Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma”. Dios lo aclara, no le gusta que retrocedamos, por eso es que tenemos que pararnos firmes y cuidar nuestro territorio.

Uno de los valientes de David terminó defendiendo un campo de lentejas y le quedó la espada pegada a la mano. Uno dirá: ¿campos de lentejas? Con toda la gente que mató, ese campo quedo inutilizado, tanta sangre derramada sobre las lentejas ¿quién las va a querer comer? (Iban a tener muchísimo más hierro, obviamente) Pero, lo que estaba haciendo este valiente de David, era defender exactamente el lugar donde Goliat había sido vencido.

Muchas veces vencemos al enemigo,  pero el enemigo trata de venir de vuelta a reconquistar el territorio. Por eso es tan importante estar: “firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Vs 14-17). Y por último, versículo 18 dice: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.

Importantísimo: “Que nos paremos firmes”.  No importan los ataques, no importan las caídas, no importa la aparente victoria del enemigo, no podemos frenar en el momento de la batalla, tenemos que ser y estar firmes.

Toma este compromiso conmigo en esta hora, y declara:

“Señor, yo me paro firme en cada una de Tus promesas; firme, tomado de Tu mano. Tú que eres Todopoderoso, me aferro, Señor, al Nombre de Jesucristo, ante el cual toda rodilla se dobla y toda lengua confiesa que Él es Señor, para la gloria de Dios Padre. Permaneceré firme, en el Nombre de Jesús. Amén y amén”.