Iglesia Visión de Futuro

En busca de mayor intimidad (3)

Domingo 18 de diciembre

Invitación a vivir una vida de intimidad con Dios

Por Rvdo. Omar Cabrera Jr.

 

Dios creó al hombre y a la mujer para estar en comunión con ellos. Y justamente los visitaba en el Jardín del Edén, dice que los visitaba en la brisa fresca de la tarde para hablar con ellos (Génesis 3:8), para estar en comunión con Adán y Eva. Lamentablemente el pecado hizo que el hombre se escondiese de Dios, se apartase de Él. Dios tuvo que derramar sangre animal para cubrir la desnudez del hombre, y de la misma manera envió a Su Hijo y derramó la sangre de Jesús para que nuestros pecados sean lavados y que podamos entrar por ese camino nuevo y vivo a la presencia de Dios (Hebreos 10:20).

Ese ha sido el plan original de Dios, la primera pareja le dijo que ‘no’ a Dios; luego Él escoge un pueblo, (hoy lo conocemos como el pueblo judío), y a través de Abraham quería que todas las familias de la Tierra experimentasen Su bendición (Génesis 12:3). Ese pueblo terminó esclavo. Dios lo sacó con mano poderosa de la esclavitud y antes de decirles cuál era Su voluntad, antes de expresarle los Diez Mandamientos en Éxodo 19:9, Dios le dijo al pueblo: “He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre”. Moisés le contó las palabras de Jehová al pueblo, “Y Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos, y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí. (10 y 11).

Cuando Dios se hizo hombre, algo muy similar ocurrió en San Mateo 17 y San Marcos 9 y San Lucas 9, Jesús buscó a tres de Sus discípulos y delante de ellos se manifestó en toda Su gloria, en todo Su esplendor en lo que llamamos el monte de la transfiguración. Ellos decían que Sus vestidos estaban más blancos que el Sol que resplandecía, más blancos y brillantes que la nieve. Marcos refiere que ningún lavandero podría blanquearlos así como le quedaron a Jesús en ese momento. Desciende una nube de la gloria de Dios, y dice que Dios se iba a manifestar en una nube espesa, desciende esa nube y de la nube Dios habla y le dice a estos tres: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (V. 5b).

Dios quiere seguir estando en comunión con cada uno de nosotros, Dios quiere manifestarse en nuestras vidas, mostrarse como nunca antes lo hemos visto. Piense que Jacobo, Pedro, Juan, habían visto a Jesús ya casi tres años, día tras día; pueblo tras pueblo; en tiempo de adversidad y de persecución, en tiempo donde la Gloria de Dios se manifestaba. Estos discípulos le habían visto resucitar a la hija de Jairo, o al hijo de la viuda; la mano de Dios estaba extendida haciendo señales y prodigios. Pero, aunque estuvieron con Jesús por tres años, y vieron los milagros que Él hacia, hasta que no subieron a ese monte alto a buscar a Dios, nunca el Señor se manifestó a ellos como lo hizo ahí.

Es hora de subir al monte; es hora de buscar al Señor, es hora de ir a un nuevo plano, a una nueva profundidad, a nueva altura, entrar en una nueva manifestación de la gloria de la presencia, del toque de Dios sobre cada uno de nuestras vidas. Estos tres fueron escogidos para ver al Señor como nadie antes lo vio; Su rostro resplandeciente, esa nube que hablaba y decía, “Este es mi Hijo amado…”, aún Elías y Moisés que se aparecen ahí para hablar con El de cómo sería Su muerte, resurrección y partida al cielo (San Lucas 9).

Yo creo que el Señor tiene cosas nuevas para usted; pero para entrar en eso nuevo tiene que limpiarse; porque 10 “Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos, 11 y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí.  12 Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá”. Dios le expresa su deseo de que el pueblo que se santifique ese día, que lave su ropa, y que se preparen porque Dios se les va a aparecer. Y al decir que descendería, les establece límites, y hasta les advirtió que no debían subir a la montaña y tocar sus límites porque el que ponga un pie de seguro morirá.

Cuando Dios se manifiesta a mi vida, así como Moisés cuando lo vio en Éxodo 34:8, lo primero que tenemos que hacer es postrarnos delante de Él. Reconocer la majestuosidad,  la grandiosidad, lo excelso y poderoso que Dios es; de la misma manera que se postraron los discípulos cuando Jesús resucitado se les aparece y dice que todos le adoraron, ese tiene que ser el deseo más profundo de nuestro corazón, humillarnos bajo la poderosa mano del Señor y permitir que Él nos tome en Sus manos, que sea el Señor mismo el que nos exalte.

El versículo lema del año 2011 ha sido: “Bienaventurados los de limpio corazón porque verán a Dios” (San Mateo 5:8sí??). Dios quiere que le vea como nunca antes le ha visto, Él se le quiere manifestar como nunca antes. Tal vez diga ‘he vivido momentos de avivamiento, de impacto, Dios ha tocado mi corazón de una manera que ha transformado mi vida…’, déjeme decirle: ¡Dios tiene más! Uno piensa: ‘con esto que experimenté el domingo pasado’, o ‘con lo que experimenté en la intimidad en mi hogar’, o ‘con esto que experimenté en estos tres días que aparté para estar a solas con Él, ¡ya es suficiente!, ya conozco todo lo que tengo que conocer de Dios…’. Amigo, amiga: ¡HAY MÁS! El Señor tiene más, cuando pensamos que hemos llegado al límite, al máximo, déjeme decirle con Dios no hay límites, siempre podemos experimentar algo más. Ábrase para que el Señor le toque como nunca antes, abra sus ojos espirituales para ver al Señor como nunca antes le ha visto, acérquese a El y permita que el Señor le toque como nunca antes le ha tocado y que su Gloria se manifieste delante suyo como nunca antes la vio.

Usted va a ser transformado de gloria en gloria por el Espíritu de Dios; su vida será tan llena de la presencia del Señor que va a descender como Moisés de aquel monte con su rostro resplandeciente. Mi oración es que esto se convierta en su estilo de vida, no es una búsqueda esporádica sino una vida de intimidad, una vida de búsqueda permanente, y cada vez que busque al Señor hallará una nueva faceta, una nueva revelación, experimentar un nuevo toque de Él para responder como Pedro:

Señor, hagamos aquí enramadas, quedémonos aquí, en este monte, en esta intimidad, en este momento tan hermoso que transforma mi vida, que toca lo más profundo de mi ser. Señor, no quiero irme de Tu presencia, no quiero huir de Tu santo Espíritu, aunque vaya lo más profundo del mar, aunque me vaya en las alas del alba, allí estarás Tú. Señor, quiero que Tu presencia me inunde, me toque, me transforme cada día y que pueda verte sin ningún velo, que te pueda verte cara a cara. Que Tu vida, Tu presencia y Tu gloria me transformen de gloria en gloria hasta llegar a Tu imagen, te lo pido en el Nombre de Jesús. Amén y amén.