Iglesia Visión de Futuro

Cristo vivo en mí – (1)

Cristo vivo en mí

Rvdo. Omar Cabrera Jr.

Este año lo hemos declarado un “Tiempo de Intimidad con el Señor”, y Dios  es quien nos llama a ese tiempo de comunión y debemos presentarnos delante de Él en sacrificio vivo. Ahora, el problema con el sacrificio vivo es que muchas veces cuando se enciende el fuego en el altar, como está vivo, se quiere escapar de allí. Si queremos tener intimidad con el señor tenemos que obedecer lo que Pablo nos dice en Romanos 12:1-2: “Por lo tanto, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto”. Pablo ruega, por todas esas misericordias que Dios quiere derramar en nuestras vidas, por todo lo que Dios quiere hacer en cada uno de nosotros, que nos presentemos en sacrificio vivo.

Si prestamos atención en esta Palabra, el Apóstol no dice que presentemos nuestra mente en sacrificio vivo llevándola al altar, tampoco dice que presentemos nuestras emociones, ni nuestro espíritu. Pablo dice: “Hay que presentar el cuerpo como sacrificio vivo”.  Muchas veces pensamos que si uno realmente quiere consagrarse a Dios debería consagrar su mente, su corazón, consagrar sus emociones; pero acá Pablo claramente dice que tenemos que presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es nuestro culto racional, dice la versión Reina Valera 1960. La versión 1995 habla de verdadero culto y otras versiones dicen: Que es vuestra devoción a Dios. Si realmente quiero demostrarle al Señor mi devoción, mi consagración,  mi entrega, tengo que presentar mi cuerpo en sacrificio vivo; y honestamente, presentar el cuerpo es lo más difícil. Cada vez que uno decide ayunar parece que los vecinos cocinan comidas más ricas, abren las ventanas que dan a nuestra casa, es como si los olores nos persiguieran y así se hace muy difícil presentar nuestro cuerpo en sacrificio vivo delante del Señor.

En este tiempo que busco al Señor en intimidad decimos: voy a dejar de hacer esto, voy dejar de hacer aquello otro, me voy a privar de esto… y es como que el cuerpo se rebela, se queja y pide… Pero Pablo dice que tenemos que presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, y “no os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Él entendía que había una lucha interior, y nosotros lo experimentamos cada vez que nos dedicamos a tomarnos este tiempo de intimidad con el Señor, tenemos que luchar con muchos pensamientos y es de allí que Pablo nos dice que tenemos que llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia en Cristo.

Queremos pasar tiempo con el Señor y la mente divaga entre planes y proyectos, cosas que me olvide cosas de hacer, recuerdos… y hay una lucha constante que  describe muy bien Pablo en Romano 7:14 de esta manera: “Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado”. En 2 Corintios 10: 3-4 Pablo diría: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales”, porque la carne nuestra está, como dice diciendo Pablo en Romano 7,  “vendida al pecado, y lo que hago no lo entiendo porque no hago lo que quiero sino lo que detesto eso es lo que hago y si no lo que no quiero esto hago, apruebo, reconozco que la ley es buena, de manera que ya no soy yo quien hace aquello sino el pecado que está en mi” (Vs. 14-17) Algunos dirán: bueno, pero desde que yo me convertí, desde que yo me entregue al Señor el pecado ya no reina más en mi corazón; Pablo en total honestidad, siendo una de las personas mas usadas por el Señor en el nuevo testamento escribiendo mas de la mitad de los libros, él dice: Yo soy carnal, estoy vendido al pecado, sé que el pecado está en mí. Si esto dice Pablo, siendo una persona tan espiritual ¿que nos queda a nosotros? Sigue diciendo el Apóstol: “yo sé que en mi, esto es en mi carne, no habita el bien, porque el querer el bien está en mi, pero no el hacerlo, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso termino haciendo, y si hago no lo quiero ya no lo hago yo, sino el pecado que esta en mi, así que queriendo yo hacer el bien hayo esta ley, que el mal está en mi” (Vs. 18-21).

Y en el versículo 22 de Romanos 7, Pablo habla de esta lucha interior y presenta dos protagonistas en nuestras vidas: “Según el hombre interior me deleito en la ley de Dios”. Se refiere a ese espíritu que Dios puso en mí, que es como un radar espiritual, la conciencia que tengo se deleita en hacer lo bueno; cuando hago lo malo mi conciencia me pega un tirón en mi interior  y siento que algo hice mal. La primera mentira, la primera vez que robé, la primera vez que engañé, la primera vez que me quedé con un vuelto que no me correspondía, etc., sentí adentro ese tirón, porque mi interior desea agradar a Dios. Por el contrario, cada vez que hago algo bueno, ayudo y bendigo a alguien, cuando Dios me usa como un canal para que alguien reciba Su amor; hay una hermosa sensación en mí, porque mi ser interior se deleita en la ley de Dios, mi espíritu se deleita en agradar a Dios.

“Pero veo otra ley, dice Pablo, en mis miembros que se rebela contra la ley de ese ser interior que esta en mi mente y al revelarse me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (Vs.23). Al final de este capítulo Pablo exclama: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Pablo reconoce que hay una lucha, sabe que el hombre interior se deleita en la ley de Dios, pero hay una ley en sus miembros que se rebela en contra de la ley que Dios plasmó en nuestra mente; y es por eso es que él hace la oración en Efesio 3 y dice: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo… para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu, para que habite Cristo por la fe…” , a través de esta oración de Pablo podemos recibir esa fortaleza en nuestro ser interino, podemos recibir al Señor para que llene todo vacío en nuestro interior de tal manera para que cuando vengan las presiones exteriores usted pueda vivir una ¡vida de victoria!

Esta es mi oración:

Señor, yo te pido en este momento que Tu nos fortalezcas en el ser interior y que en esa lucha interna pueda ganar el hacer el bien. Que lograr vivir conforme a tu santa y perfecta voluntad, deleitarse en Tu ley sea una realidad para cada uno de nosotros.

Yo los bendigo con fortaleza en el ser interior por medio de Tu Espíritu, que Cristo habite por la fe en sus corazones. Te lo pido en el Nombre de Jesús. Amén y Amén