Iglesia Visión de Futuro

“¿Cómo está mi corazón?”

Lunes 5 de noviembre

Omar Cabrera Jr.

 

Para nosotros, este año ha sido un año en el que hemos buscado esa intimidad con el Señor, habiendo entendido que se abrió un camino nuevo y vivo a la misma Presencia del Señor. ¿Cómo lo logramos? La Palabra de Dios dice en Mateo 5:8 “Bienaventurados los de limpio corazón porque verán a Dios”.

Y la pregunta que uno se tiene que hacer es: ¿Bueno, cómo está mi corazón? Porque Jeremías 17 habla de que ‘Dios escudriña la mente y pesa los corazones para darle a cada hombre según su obra’. Y de hecho dice que “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso”. (vers. 9). O sea que, ese es el corazón que tenemos, ese es el corazón viciado de la vieja naturaleza.

Cuando yo me acerco al Señor, tengo que permitir que la sangre de Jesucristo me limpie el corazón de mala conciencia (como sigue diciendo Hebreos 10:22b): “Purificados los corazones de mala conciencia, lavados los cuerpos con el agua pura”. A través de ese contacto con la Palabra de Dios y con el Espíritu Santo, se produce un limpiamiento en mi vida, desaparece la envidia, son desarraigadas todas estas raíces de amargura y de rencor, de revanchismo y de odio; de mi corazón sale toda gritería, contienda y maledicencia.

De todos estos frutos de la carne (de los que habla Gálatas, capítulo 5), el Señor me limpia. Cuanto más me acerco a la Presencia del Señor, más Su luz me ilumina y las tinieblas que hay en mi corazón desaparecen. Tal vez me digas: “Pastor, pero ese no es mi caso. Mi corazón esta entenebrecido, hay malos deseos, hay malos pensamientos. Me avergüenzo muchas veces de no poder controlar mis pensamientos y lo que pienso sé que no le agrada a Dios”. Si es así, hoy, pídele al Señor: “Señor, dame pensamientos puros y honestos”. Mi padre solía decir esa frase tantas veces. Aprende a pedirle al Señor: “Señor, dame pensamientos puros y honestos”. La base bíblica sería el Salmo 19:14 cuando David dice: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío”, mi Dios en quien confiaré.

Pon tu confianza en el Señor en esta hora y cree que, así como Dios te amó de tal manera que dio a Su Hijo para que al entregar Su vida tengas vida eterna, de igual modo, Él está interesado en que puedas tener un corazón limpio para verlo a Dios como nunca antes lo ha visto.

Isaías, al ver a Dios, reconoció su iniquidad y dijo: “!!Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (verse. 6:5). Dice que, inmediatamente, Dios envió un ángel que con tenazas tomó brazas encendidas del altar, las colocó sobre la boca de Isaías (lo puedes leer en Isaías capítulo 6) y fue declarado: “Es perdonado tu pecado, es quitada tu culpa”.

Hoy, el Señor comienza ese proceso en tu corazón para quitar de ahí todo pecado, toda iniquidad, toda rebeldía, toda raíz de amargura, toda bronca que pueda estar anidada en tu corazón y también, el Señor comienza a remover y a quitar -por la obra de Su Espíritu Santo- toda culpabilidad que te hace sentir indigno de poder entrar a la Presencia del Señor. Deja que ese proceso el Señor lo haga completo en tu vida, para que puedas verlo como nunca antes lo has visto. Hoy te bendigo en el Nombre de Jesús. Amén y amén.