Iglesia Visión de Futuro

Capacitados con poder y autoridad

Serie: Los enfermos se sanan (3)

Domingo 19 de julio 2015

Por Rvdo. Omar Cabrera Jr.

La Palabra de Dios dice en San Lucas capítulo 9 que Jesús reunió a Sus doce discípulos y les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar y a sanar a los enfermos.

Si vemos el ministerio de Jesús, más del setenta y cinco por ciento de Su ministerio era tocar a la gente en el punto crucial de su necesidad, trayendo liberación al oprimido, sanidad, limpiando al leproso, levantando al paralítico, aun resucitando a los muertos. Fue tan grande la tarea que Jesús desarrolló en esos tres años de ministerio, que cuando lo describe San Juan en los capítulos 20 y 21, dice que Jesús hizo muchísimos milagros, tantos, que si se escribirían todos, no cabrían los libros en el mundo entero para contar todas las maravillas que el Señor había hecho.

Él entrenó a Sus discípulos para que ellos salgan y ministren a los que estaban necesitados, les delegó poder, les dio autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.

Les dijo que prediquen el reino de Dios y que vayan a sanar a los enfermos. Para mí, el ministerio es justamente eso: predicar la Palabra y sanar a los que necesitan un toque de parte de Dios.

Cada vez que uno se para en la plataforma y predica la Palabra, esa Palabra produce fe en los corazones. Romanos 10:17 lo dice de esta manera: “la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios”. Cuando escucho la Palabra de Dios, todo lo que Jesús hizo cuando estaba aquí en la Tierra y cómo sanaba a los enfermos, eso hace que nazca la fe en mi corazón.

El Señor Jesús les dio autoridad, poder y los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos. Sumado a eso, las instrucciones fueron: “no tomen nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni lleven túnicas, cuando vayan a alguna localidad quédense en una casa y no se vayan de ahí. Donde no los reciban sacudan el polvo de vuestros pies en testimonio en contra de ellos. Y dice que saliendo pasaban por todas las aldeas anunciando el evangelio y sanando por todas partes” (San Lucas 9:2-6).

El versículo 10 dice que al regresar los apóstoles le contaron todo lo que habían hecho. Si vemos en el próximo capítulo en San Lucas 10, Jesús, además de estos Doce que había mandado en la primera instancia, designó también a otros Setenta, a quienes envió de dos en dos, delante de Él a toda ciudad y lugar donde Él había de ir después. Y les dijo: “la mies es mucha pero los obreros son pocos, rueguen al Señor de la mies que envíe obreros a la mies” (San Lucas 10:2). Inmediatamente Jesús los envía, ¡vayan… Yo los envío como corderos en medio de lobos! Otra vez les dice a estos Setenta, lo que le había dicho a los Doce, ‘no lleven bolsa, ni alforja, ni calzado, a nadie saluden por el camino, cuando entren en una casa permanezcan en ella declarando paz sea a esta casa, quédense en esa casa, coman y beban lo que les den, porque el obrero es digno de su salario. En cualquier ciudad donde entren y los reciban coman lo que pongan delante de ustedes y sanen a los enfermos que en ella hayan y digan: se ha acercado a ustedes el reino de Dios’ (vs. 3-10).

Las mismas instrucciones: predicar el evangelio del reino, predicar el arrepentimiento, proclamar el amor incondicional de Dios a aquellos que no lo conocen para que verdaderamente conozcan a Jesús y experimenten ese poder de Aquel que de la nada todo lo creó. Además de todo eso, ellos también ¡sanaban a los que estaban enfermos! Los Apóstoles salieron por todas partes y sanaban. Aquí Jesús designa a Setenta más para que también vayan y sanen a aquellos que están enfermos. Si leemos en Mateo 10, Jesús les da las mismas instrucciones a Sus discípulos, a los Doce, y les dijo “cuando lleguen a algún lugar: sanen a los enfermos, limpien los leprosos, resuciten a los muertos, echen fuera demonios, de gracia recibieron, den de gracia”. (Mateo 10:8)

Hemos recibido de gracia, Dios ha tocado nuestras vidas, Dios nos ha sanado, y de la misma manera que la gracia de Dios se manifestó sobre nosotros, esa autoridad y ese poder delegado de Dios nos da el derecho para poder derramar de Su gracia a otros que están necesitados.

Tal vez me digas ‘bueno pero yo no soy un discípulo de Jesús’, ‘no soy parte de los Doce’, leímos en San Lucas 10 que no solo comisionó a los Doce sino a Setenta más. ¡Dios quiere usar tu vida! Con poder y autoridad, para traer liberación, restauración, para desbaratar todo plan del enemigo, para establecer el reino de Dios. Él te quiere usar para traer arrepentimiento a los corazones, para traer libertad a los cautivos, para sanar a los que están enfermos, limpiar a los leprosos, resucitar muertos, aun para echar fuera demonios. Ese poder está a tu alcance, y quiero orar para que puedas experimentar ese poder y esa autoridad que viene de Jesús.

Señor: te pido que Tú le des poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. Que al recibir este poder y esta autoridad, pueda predicar Tu reino, ‘el reino de los cielos se acerca’ y que tiene que haber arrepentimiento en los corazones. Que al predicar Tu Palabra la confirmes con señales, milagros, prodigios; que ocurra como con los apóstoles, que sanaban por todas partes. Derrama de Tu gracia sobre cada uno de Tus hijos, que entiendan que tienen autoridad en el Nombre de Jesús. Amén y amén.