Iglesia Visión de Futuro

“Autoridad sobre lo que ves”

Lunes 30 de julio de 2018

Omar Cabrera Jr.

 

Pablo, hablando de la lucha que tenemos contra el reino de las tinieblas, dice en 2 Corintios 10:3-6 “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia (de nuestra guerra) no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos (cancelando ideologías) y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta”. Qué importante la parte final: mi obediencia al Señor, mi sometimiento al Señor tiene que ser perfecto para poder frenar, castigar toda desobediencia que se levante en contra de Dios.

Santiago 4:7 (RVR 1960) lo diría de esta manera: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”. Y la Traducción de Lenguaje Actual: “Por eso, obedezcan a Dios. Háganle frente al diablo, y él huirá de ustedes”.

Algo más que dice este texto de 2 Corintios 10, en el versículo 7, es que “¡Miran las cosas según las apariencias!” (RVA 2015). Tengo que aprender a mirar las cosas desde otro punto de vista; debo mirarlas con los ojos del Señor. Es decir, porque soy de Cristo puedo ver las situaciones que enfrento, las tormentas, los ataques, los argumentos, las ideologías desde el punto de vista divino.

Muchas veces nos involucramos y queremos pelear en la carne y tomamos actitudes que el Señor no tomaría. Cuántas veces a Él lo atacaron y uno puede escucharlo decir: “Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). Cómo trataban de atraparlo al Señor con sus palabras, pero Él bajo esa sabiduría divina hasta respondía: “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21b). Esto sucedía cuando querían atraparlo, querían probar si era fiel a Roma o si era un traidor al Imperio. En aquel entonces había justamente un grupo a favor de Roma y uno en contra, y se juntaron ambos para tratar de atrapar al Señor. No mires las cosas según su apariencia.

Creo que es muy claro que el Señor no miraba las cosas según su apariencia. En Mateo 8 justamente Él se enfrenta a esas fuerzas del mal y se da cuenta de que las olas, el viento y la tormenta venían en Su contra. Él había subido a la barca, los discípulos lo habían seguido, pero, de repente, se levanta esta tremenda tempestad en el mar; era tan grande que las olas cubrían la embarcación. Si uno mira conforme a la apariencia podría decir: “¡Uh! se levantó una tormenta, no me la esperaba, no la vi venir”. Pero el Señor que no mira las cosas según la apariencia, es más, dice que dormía, y lo tuvieron que despertar. Le dijeron los discípulos: “¡Señor, sálvanos que perecemos! (v. 25)”. Con calma les responde: ¿Por qué temen, hombres de poca fe?, se levantó y reprendió a los vientos y al mar.

Uno podría decir: “Jesús está “medio medio” al hablarle al viento, al hablarle al mar. ¿Qué?, ¿acaso las olas tienen oído?”. No, no, no. Es que Él no miraba según la apariencia; Él podía ver el poder detrás de esas olas que venía a derribarlo, que los quería hundir, que los quería destruir, matar. Inmediatamente, Él reconoce qué poder se movía detrás y sabía que las armas que poseía en Dios eran poderosas, y leemos que: “Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.  Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” (v. 26b-27).

Si te sometes al Señor, si resistes al diablo, él va a huir de tu vida. Toma autoridad sobre toda fortaleza, sobre toda imaginación, sobre todo argumento que el diablo te ha presentado; toma autoridad en el Nombre de Jesús y vamos a ver una Nación donde la tempestad desaparece por completo para Su gloria. Te bendigo hoy en el Nombre de Jesús. Amén y amén.