Iglesia Visión de Futuro

“Anunciemos a Jesús”

Lunes 8 de octubre

Omar Cabrera Jr.

Hoy te quiero desafiar a que confieses a Jesús delante de los hombres. En Mateo 10:32-33, Jesús dice: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.

Qué importante es poder estar orgulloso de quién es la fuente de nuestra vida eterna. Orgulloso de lo que el Señor hizo por cada uno de nosotros. Mi suegro, cada vez que oraba por los alimentos, solía decir: “Señor, gracias por esta salvación tan grande que me diste”. Siempre reconocía la obra de Jesucristo en su vida, reconocía todo lo que el Señor había pagado para que él y toda su casa sean salvos, para que hayan llegado al conocimiento de la verdad.

Creo que cada uno de nosotros tenemos que reconocer lo maravilloso que hemos recibido; ese regalo recibido tenemos que ponerlo en exhibición para que todo el mundo se entere que somos cristianos. Que todo el mundo se dé cuenta que algo pasó en tu vida, que hay un cambio, que eres una nueva criatura, que las cosas viejas pasaron y que todo ha sido hecho nuevo en tu vida, en tus actitudes, en lo que dices, cómo hablas, cómo te conduces, cómo reaccionas.

“Si me niegas delante de los hombres, te negaré delante de mi Padre”. “Si me confiesas delante de los hombres, yo te voy a confesar delante de mi Padre”. Es parte de un proceso donde yo rindo mi vida en servicio a aquel que dio Su vida por mí. Así como Él dio Su vida, yo también pongo mi vida para servirlo a Él.

Jesús dijo (Juan 12:24-25): “De cierto, de cierto os digo que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo, pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que odia su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo esté, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará”. ¿Estamos dispuestos a morir a nosotros mismos, a entregarnos como ese grano de trigo que cae a la tierra y muere para dar mucho fruto? El que quiera preservar su vida, guardar la imagen, que nadie se entere, dice, “la perderá”. Pero el que da su vida por el Evangelio la va a ganar, el que me sirve y el que me sigue, mi Padre, que está en los cielos lo va a honrar.

Que puedas cumplir con este desafío. Que puedas ser luz a un mundo que está en tinieblas. Que puedas predicar a tiempo y fuera de tiempo y contarles a otros lo que Cristo hizo en tu vida. Pablo le dijo a Timoteo: “Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Timoteo 4:5).

Pedro nos dice que ‘nosotros que estábamos en tinieblas proclamemos la luz, las virtudes de aquel que nos sacó de las tinieblas y nos llevó a su luz  admirable’ (1 Pedro 2:9). Que hoy puedas aceptar este desafío y decir: “Voy a ser luz, voy a predicar a Cristo, voy a confesarlo delante de los hombres, voy a decir: Estoy enamorado de mi Salvador que lo dio todo por mí, en amor. Yo también voy a retribuir ese  amor contándole a todos lo que Cristo hizo en mi vida: cómo el Señor me salvó, cómo el Señor me perdonó y me ha dado la vida eterna”.

Que al aceptar ese desafío Dios te respalde, Dios te use, puedas dar mucho fruto para la gloria de Su nombre. Lo declaro sobre tu vida en el Nombre de Jesús. Amén y amén.