Iglesia Visión de Futuro

Año de Cosecha (2)

Domingo 8 de enero 2012

Circuncisión en el Año de Cosecha

Rvdo. Omar Cabrera Jr.

 

En estos días estamos hablando de cosechas y de aquella generación que tuvo que morir en el desierto a causa de que no obedeció la voz de Dios, quien juró que no los dejaría entrar en la tierra que Él les había prometido o jurado a sus padres que les daría. A sus hijos, (a los hijos de esa generación, a los que Dios mismo había puesto en reemplazo de aquellos) Josué los circuncidó, ya que nadie lo había hecho en estos cuarenta años de camino, de peregrinar.

La circuncisión habla de un pacto establecido por Dios; de hecho, lo instituyó con Abram cuando Él le pide que circuncide a todos los varones de su familia. Dice la Palabra del Señor en Josué 5:8 que “cuando acabaron de circuncidar a toda esa gente, se quedaron en el mismo lugar en el campamento, hasta que sanaron”. Dios anhela hacer pacto con nosotros.

Alguien que entendió muy bien lo que es estar en pacto con Dios fue David; éste acusa a Goliat y lo insulta diciéndole: ‘Sos un incircunciso’, sos alguien que no tiene pacto con Dios; mi Dios es mi seguro, mi amparo, mi fortaleza. David estaba seguro de que ese Dios lo defendería ante tremendo gigante, porque él estaba en relación de pacto con Dios. En este año en que queremos recoger la cosecha que Él nos tiene preparada, Dios desea que cortemos de nuestra vida todo aquello que no le agrada; y en el momento que lo hagamos nos estaremos preparando para tener más lugar, más espacio libre para recibir Su gran cosecha.

Qué buen ejercicio sería que se tome el tiempo y vea qué cosas de su carácter  necesitan ser quitadas, qué hábitos diarios necesitan ser cambiados, qué cosas hay en su vida que la conciencia ya le ha insistido que no agradan a Dios. Yo creo que no tengo que hacer mucho énfasis en este punto porque ya el Señor le ha estado hablando; aunque, lamentablemente muchos tienen una conciencia cauterizada, Dios les está hablando pidiéndoles que quiten esas cosas de sus vidas, pero no responden correctamente. Hoy, dígale al Señor: Hágase en mí conforme a Tu Palabra; hoy tomo la decisión de circuncidar de mí aquello que me separa, lo que me frena, aquello que me roba experimentar todo lo que Tú tienes para darme, todo lo que Tú deseas que conquiste. Señor, no me quiero perder ninguna cosecha, por eso es que hoy me acerco a Ti para  que me limpies de aquello que a Ti no te agrada. Dios es un caballero, en el sentido de que Él nunca impondrá Su voluntad, -por eso es que Jesús cuando llamaba a Sus discípulos les decía: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz diariamente y sígame” (San Lucas 9:23)- Él no va a imponerse, no lo va a obligarle a renunciar a todo lo que usted sabe que le daña, que lo perjudica personalmente y/o a su matrimonio, que deteriora su familia y que arruina su relación con Dios. ¡Él no se va a imponer!; uno tiene que acercarse determinado a decirle: ‘Espíritu Santo, quiero que santifiques mi vida, quiero que la limpies de todo aquello que a Ti no te agrada, quiero que a partir de hoy, Tú me circuncides. He caminado por este desierto tantos años, y me doy cuenta de que no he tenido la intimidad que anhelo, no estoy viviendo dentro del pacto contigo que eres un Dios fiel a Tus promesas. Señor, te pido perdón por las malas actitudes que he tenido, por las reacciones fuera de lugar; porque no te he honrado como debería haberlo hecho. A partir de hoy quiero cortar de mi vida todo lo que a Ti no te agrada, estoy dispuesto a quitarlo, sabiendo que luego que quite, que renuncie a lo malo, Tú me sanarás. Y de hecho sé que, al renunciar a mis iniquidades y a mis rebeliones, voy a experimentar una intimidad Contigo muchísimo mayor’.

Cuando el pueblo tomó esta decisión, Dios le dijo a Josué (v.9): “Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto”: ‘Hoy quité, Josué, la vergüenza de la esclavitud’, es decir, hoy cambié tu naturaleza, ya no vas a ser más esclavo, serás una persona con una nueva identidad, con herencia real porque eres Mi hijo; Yo soy el Rey y tú eres Mi príncipe. Hoy, el Señor comenzará una nueva etapa en su vida, si se determina a quitar de su corazón, de su mente, del cotidiano vivir todo aquello que a Él no le agrada.

Inmediatamente después, dice la Palabra del Señor, que los hijos de Israel (v.10): “celebraron la pascua, a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó”. Cuando el pueblo sacó aquello que no le agradaba a Dios, Él sacó de encima de ellos la vergüenza, el oprobio, la indignidad para establecer una nueva intimidad. Celebraron la fiesta de la pascua, se acordaron de cómo Dios los había sacado cuarenta años atrás de la esclavitud; le agradecieron al Señor todo lo que Él les había dado, pudieron acercarse al Señor y tener una vida de intimidad.

Tome esta misma determinación en este momento, y diga:

“Señor, hoy renuncio a todo aquello que me frena de entrar a vivir una vida de intimidad, una vida de comunión, una vida de pacto Contigo.

Señor, yo quiero quitar de mi vida todo pecado y todo peso que me detiene de correr la carrera con gozo, que me impide entrar en la cosecha gloriosa que tienes para mí.

Señor, que nada me robe la herencia; que nada me robe las bendiciones que Tú me tienes preparadas.

Señor, hoy te rindo mi corazón, te rindo mi mente, te rindo mi voluntad, para que la limpies, para cortes de mi vida todo aquello que a Ti no te agrada.

Te lo pido en el Nombre de Jesús. Amén y amén.