Iglesia Visión de Futuro

Año de Cosecha (1)

Domingo 1° de enero 2012

Quiero agradecer todos los saludos, las tarjetas, los correos y tarjetas electrónicas que nos enviaron durante la época navideña; y retribuirles todo el cariño, el amor y el afecto que hemos recibido desde cada uno de ustedes.

Obediencia en el Año de Cosecha

Rvdo. Omar Cabrera Jr.

 

El año pasado el Señor nos llevó a un ‘Tiempo de Intimidad’, y de hecho, la impresión fuerte que Él me dio en los últimos días de diciembre fue que el Señor nos quería llevar a una vida de intimidad con Él. Yo creo que el Señor quiere vivir cada día más cerca de cada uno. En este año nos desafiamos a tener un ‘Año de cosecha’; y lo digo de esta manera, porque dependerá de cada uno de nosotros cuándo cosechemos o cuando dejemos de cosechar. Este año en que la Iglesia Visión de Futuro cumple los 40 años, Dios nos muestra que comienza un nuevo ciclo; entraremos en una nueva conquista, vamos a tomar y conquistar áreas que hasta ahora no hemos tomado; vamos a tener nueva cosecha, será un año en que el Señor nos dará cosechas en áreas de nuestra vida que ni nos habíamos imaginado. Vamos a ir de triunfo en triunfo, de victoria en victoria, de cosecha en cosecha, de conquista en conquista. Mi intención es que pueda entrar en ese tiempo de gloria, en ese tiempo de bendición, en ese tiempo en el que en todas las áreas recibirá victorias y conquistas.

Luego de cuarenta años de deambular por el desierto, el pueblo de Dios experimenta exactamente lo que yo creo vamos a vivir como Iglesia. Dice Josué 5:6 (RV95): “Los hijos de Israel anduvieron por el desierto durante cuarenta años, (justamente los que cumple la Iglesia Visión de Futuro) hasta que todos los hombres aptos para la guerra que habían salido de Egipto perecieron. Como no obedecieron a la voz de Jehová, Jehová juró que no les dejaría ver la tierra que Él había jurado a sus padres que nos daría, tierra que fluye leche y miel”. Qué importante es seguir viviendo esa vida de intimidad para poder entrar en la tierra prometida que Dios nos tiene preparada. Sí, la única manera que puede escuchar a Dios, que puede experimentar Su guía, que puede descubrir qué es lo que Él desea para usted es viviendo una vida de intimidad, recibiendo instrucciones cotidianas, recibiendo la guía del Espíritu Santo a cada paso, en cada decisión, en cada encrucijada, en cada nuevo proyecto. Por eso es que la Palabra del Señor es tan clara en Deuteronomio 28 (RV95), donde dice: “Si oyeres atentamente la voz de Jehová, tu Dios, para guardar y poner por obra todos los mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová, tu Dios, te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. (Y promete) Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones y te alcanzarán si escuchas la voz de Jehová, tu Dios. Bendito serás tú en el campo y bendito en la ciudad. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tierra, el fruto de tus bestias (…). Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar y bendito en tu salir. Jehová derrotará a los enemigos que se levanten contra ti (…) Jehová enviará su bendición sobre tus graneros (…) Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo y para bendecir toda la obra de tus manos”. Pero volvamos a la condición: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, si cumples cuidadosamente a todo lo que el Señor te prescribe, si practicas diligentemente todo lo que el Señor te pide, si nunca lo desobedeces  en todo lo que Él desea, si no te apartas de todas las palabras que Él te manda, ni a diestra ni a siniestra; si obedeces Sus mandamientos, si escuchas con atención y los practicas. Toda una generación se perdió porque no oyó, no obedeció la voz de Dios, y Él mismo juró: No los voy a dejar entrar; y de hecho, luego de este traspaso de mando (Moisés le deja la autoridad a Josué), ni Moisés pudo entrar (y eso que él intercedió y trató de razonar con Dios), pero el Señor directamente le dijo: ‘de ese asunto no hablamos más; no vas a entrar a la tierra prometida aunque eres el líder, porque me desobedeciste’. ¡Es primordial aprender a ser sensible y obediente la voz de Dios!

Como Adán y Eva lo habían hecho antes, este pueblo le dio la espalda al Señor, y la consecuencia fue perecer en el desierto; Dios lo había librado con mano de poderosa de Egipto, Dios lo había sacado de una vida de esclavitud, de miseria y de pobreza -de la misma manera en que Dios nos liberó a nosotros de una vida sujeta al pecado, en la que estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, una vida de enfermedad y de desarmonía- Dios los había liberado para que entren a una tierra de promisión. Pero lamentablemente por no obedecer, se perdieron la tierra donde fluía leche y miel, la tierra de abundancia, esa tierra donde vivirían en casas que no construyeron, llenas de bienes que ellos no habían conseguido; esa tierra donde se iban a saciar, donde iban a comer, donde hubieran vivido en ciudades fortificadas. Se perdieron el propósito de Dios porque ellos no supieron ser obedientes a lo que Dios les pedía. La desobediencia trae consecuencia; si no somos sensibles a la voz de Dios, ni a Su voluntad, si no escuchamos lo que Dios nos está hablando, es lamentable, pero nuestro futuro será igual al hoy.

En este nuevo ciclo que entra la Visión de Futuro, mi anhelo y mi deseo es que Dios levante una iglesia sensible y obediente a Su voz, sensible a Sus mandatos, mandamientos, sensible a Su Palabra, sensible a Su silbo delicado y apacible con el cual nos quiere guiar a cada paso del camino. Que toda callosidad que le impide ser sensible, la conciencia cauterizada y cualquier rebeldía caigan a los pies del Señor para que podamos ser obedientes a la voz de Dios, someternos Sus propósitos y ver Su mano sobre nuestras vidas.

Señor: yo bendigo a Tu iglesia hoy con esa sensibilidad que le permita oír claramente Tu voz; que pueda ver cómo Tu Espíritu Santo le guía en cada paso del camino. Señor, que al ser sensible a Tu voz y descubrir cuál es Tu voluntad para sus vidas, también puedan ser obedientes a ese propósito. Te pido que puedan entender qué es lo que Tú deseas para cada uno y que al cumplir Tu voluntad, ese deseo y Tu propósito, entren en la tierra prometida, en esa tierra de bendición y de victoria. Hoy los bendigo en el Nombre de Jesús. Amén y amén.