Preguntas y Respuestas

¿Por qué no crezco?

La respuesta a este interrogante es amplia; comencemos señalando algunas razones espirituales y otras prácticas.
¿Será que está orando lo suficiente? Porque cuando pasamos tiempo en intimidad con Jesús, llegamos a expresarnos en verdadera oración y terminamos en quebrantamiento. Cada derramar del alma delante de Él, purifica el corazón. Ore hasta que el Señor le dé una ganancia real de almas; la oración perseverante le hace crecer en lo íntimo, y cuando esto sucede, nos extendemos hacia fuera.
Durante su comunión, el Señor puede darle una palabra Rhema; o sea, decirle específicamente cuál es el motivo por el que el progreso y multiplicación no llegan todavía.
Mientras está en Su Presencia, procure la sanidad de su alma; porque el corazón herido, hiere; pero el alma restaurada, inspira reconciliación; administra con misericordia y ternura.
Busque en Cristo el entusiasmo para servirle, que su célula sea un lugar alegre, donde uno se levanta y recibe la fuerza poderosa del Espíritu Santo.
Es momento de reflexionar, considerar, acaso de modificar el ritmo y/o los motivos por los cuales hace lo correcto. Renuncie a sentimientos de superioridad, al deseo de poder y a la competencia. En el Reino de los cielos al que pertenecemos, no se debe vivir ni servir para probar que uno es el mejor. Cambie competencia por influencia.
Usted debe establecer un fundamento sólido para el éxito; por eso, observe con atención los resultados obtenidos hasta hoy, trimestre por trimestre, discípulo por discípulo. Resuelva conservar la calma durante las más duras tormentas y sobreponerse a las dudas, porque el que lo llamó – JESÚS – le pidió que sea perseverante y fiel hasta el fin.
Dedíquese a establecer relaciones robustas y saludables en su generación. Abra el corazón, quite el velo misterioso que hay sobre su persona, comparta con franqueza algunas cosas sobre usted mismo, y siéntase honrado de saber algo sobre los demás con quienes sirve al Señor tan próximamente. Hágase amigo; reconozca la excelencia, los esfuerzos, la dedicación de su gente.
Enfatice el aprendizaje y el crecimiento personal, conviértase en estudiante de liderazgo, lea los mejores libros sobre el tema; e invierta en lo que lo edifica. Preste su material: C.D., casetes, manuales, videos; facilite de su biblioteca todo lo que lo ha ido formando el carácter para que aquellos con quienes conlleva la visión también crezcan.

Si uno lidera con la actitud correcta, es apasionante y maravilloso. Y se hace más sencillo, si uno profundiza la más valiosa de todas las relaciones, la que sostenemos con el máximo líder de todos los tiempos, con el líder de líderes, con JESUCRISTO.

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