Iglesia Visión de Futuro

“¿Qué pasa cuando mis propósitos no son los de Dios?”

Serie: Propósito de Dios (3)

DOMINGO 15 de noviembre 2015

Por Rvdo. Omar Cabrera Jr.

Estimados amigos qué placer poder saludarles. Hoy quiero compartir con ustedes la Palabra de Dios, Su Palabra es la que ilumina el camino, marca el destino y el propósito que Dios tiene para cada vida. Hay buenas obras que el Señor preparó de antemano para que andemos en ellas (Efesios 2:10).

La pregunta que me quiero hacer, y que te invito a hacerte, en este día es: ¿Qué pasa cuando mis propósitos no son los de Dios?

Creo que uno de los momentos claves en la vida, es cuando uno toma la decisión de casarse. Si no entiendo que Dios tiene un propósito para mi vida y que en Su Palabra dice ‘no te unas en yugo desigual’ y no sigo Su propósito, voy a vivir una vida de dolor, amargura, sufriré y sufrirá mi cónyuge. Toda mi familia sufrirá porque no supe entender el propósito que Dios tenía para mi vida. No supe buscar la voluntad del Señor para saber quién era esa persona especial para mí. ¡Cuántas cartas recibo de personas que se lamentan: me abandonó, me engañó, sufro violencia, me aparté del Señor por mi cónyuge…! ¡Todo como consecuencia de no buscar el propósito de Dios! O no hacerle caso a la Palabra del Señor que dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14). Y si somos hijos de luz creo que Dios tiene a alguien del reino de la luz listo/a para ser nuestro/a compañero/a de por vida y poder servirle al Señor con toda la familia.

Me gustaría darte el ejemplo del rey David. Él había sido un rey conforme al corazón de Dios, una persona que estaba tan apasionada por Dios que tuvo que inventar instrumentos para poder expresarle lo mucho que lo amaba, adoraba y reverenciaba. Cuando traían el arca del pacto (símbolo de la presencia de Dios)  luego que los filisteos la habían tomado, dice la Palabra de Dios,  que el rey David adoró todo el camino desde la casa de Obed-Edom hasta Jerusalén. Exaltó de manera extravagante el Nombre del Señor, mientras el arca era traída de vuelta al pueblo de Dios. La esposa se burló de él porque se había desprovisto de sus ropas reales y dijo: ‘cómo un Rey puede estar desnudo’ pero él estaba desnudando su corazón delante de la presencia de Dios (2 Samuel 6). Ese rey tenía como sueño construirle una casa a Dios. Si leemos él había juntado un montón de provisiones, toneladas de oro y plata, piedras preciosas, madera, había apartado de su tesoro personal porque deseaba construirle casa a Dios. ¡Quería que el Señor, a quien él tanto amaba, tuviese un lugar donde Su nombre sea adorado, alabado, exaltado!

Y se lo dice a su hijo Salomón ‘hijo mío en mi corazón tuve el propósito de edificar un templo dedicado al Nombre de Jehová mi Dios’ (1 Crónicas 22:7) y cuando se lo dice, Dios lo interrumpe y le explica que ese no era Su propósito.

Muchas veces hemos oído decir ‘la intención es lo que vale’ pero la realidad es que si mis intenciones no están alineadas a los propósitos divinos simplemente estoy tratando de justificar lo malo que hice por no haber consultado al Señor antes. ¡Ah… tuve la mejor de las intenciones pero me salió mal! Y así tratamos de justificar nuestros errores. David tenía la intención de edificarle casa a Dios, pero Dios le dijo ‘ese no es mi propósito para tu vida, yo te di un propósito, te di dones, talentos, una gracia sobre tu vida y no era para edificarme casa, sino para que seas un conquistador y derribes gigantes, para que levantes a gente y la transformes, los saques de la cueva de Adulam y que los hagas luchadores temerarios’.

1 Crónicas 28:2 en adelante dice: Y levantándose el rey David, puesto en pie dijo: Oídme, hermanos míos, y pueblo mío. Yo tenía el propósito de edificar una casa en la cual reposara el arca del pacto de Jehová, y para el estrado de los pies de nuestro Dios; y había ya preparado todo para edificar. Mas Dios me dijo: Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra, y has derramado mucha sangre”.

Algo que tengo que entender es que mis propósitos no son los propósitos de Dios. Que mis pensamientos no son los pensamientos de Dios, que mis caminos no son los caminos de Dios. Dios tiene otra óptica, otro punto de vista. Isaías lo dice (55: 8-9): “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”.

 

Para vivir en ese plan perfecto que Dios tiene para mi vida tengo que entender cuál es el camino que Dios marcó para mí. Cuáles son los pensamientos que Dios tiene. Muchas veces miramos nuestras limitaciones y pensamos ¿Cómo Dios va a usar a una persona como yo? Es que justamente: “lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Corintios 1:28-31).

No puedo jactarme porque lo que logré, fue por Dios; si no fuera porque Él me renovó la mente yo nunca hubiese podido lograr nada.

Que puedas aprender a ser sensible a los propósitos de Dios. Aprende a escuchar ese silbo delicado y apacible del Espíritu Santo que te habla, guía y enseña, manifestándose a tu vida a través de la Palabra, de la oración, de visiones y sueños. Que puedas entender cuál es el propósito de Dios para tu vida, y en la medida que entres en ese propósito, puedas ser elevado a nuevas alturas, a nuevas dimensiones, sintiendo el respaldo de parte de Dios. Que el Señor pueda mirarte y decir: ‘este es mi hijo amado en quien se complace mi alma’ (Marcos 1:11).

Por favor, declara esta oración conmigo:

Señor: quiero entrar en Tus pensamientos, quiero caminar por Tus caminos, reconozco que Tus propósitos son muchísimos más altos, más nobles, más sublimes, más gloriosos; ahí es donde yo quiero estar. Guíame por Tu Espíritu, manifiéstate a mi vida, en el Nombre de Jesús. Amén y amén.