Iglesia Visión de Futuro

Comentarios jóvenes y adultos abril 2018

Lunes 2 de abril

Jesús sobre La casa de Dios

Lectura Bíblica: Hebreos 10:21; 3:1- 6

Para memorizar: Hebreos 3:6

Introducción: La frase en toda la casa de Dios se tomó de Números 12:7. Casa se refiere al tabernáculo, el centro del culto israelita. Moisés obedeció fielmente las instrucciones de Dios sobre el tabernáculo. De la misma manera, Jesús fue obediente al Padre con la misión que le encomendó. Por medio de ese acto, Dios fundó su nueva casa: la Iglesia.

I. Jesús fue exaltado sobre la casa de Dios

V1 nos transporta de la humillación a la exaltación de Cristo. El autor apela a sus lectores como hermanos, miembros de la familia de Dios; y santos, apartados del mundo para el servicio del Señor. Tienen parte en el llamamiento celestial, el que viene del cielo, que ofrece las bendiciones del cielo y que nos invita a subir al cielo. Los lectores están tentados a dejar su confesión de Jesucristo, pero abandonar la confesión cristiana es regresar al mundo y perder la oportunidad de convivir con Dios en el reposo celestial.

Por su identificación con nuestra condición humana y por la expiación que ha hecho por nuestros pecados Jesús merece la más cuidadosa atención. Él es el apóstol o enviado que Dios mandó para traernos su revelación final y completa. También es el sumo sacerdoteque nos representa ante Dios. Como nuestro representante, ofrece la obediencia perfecta que la revelación de Dios demanda del hombre, y nos santifica con el sacrificio de Sí mismo para que entremos en la presencia de Dios.

“sobre la Casa de Dios”. Siguiendo el mismo razonamiento, en los versículos 5 y 6 desarrolla otro argumento en favor de la superioridad de Cristo al referirse a la posición que tiene dentro de la casa de Dios. Moisés fue fiel como siervo, pero Cristo lo fue como Hijo. Este elemento no está basado en la fidelidad de ambos, sino en la posición que tiene cada uno.

II. Jesús es superior a Moisés

  1. El nombre de Moisés gozaba de gran estima.
  2. Por eso no nos extraña que su nombre se encuentre más de 70 veces en el Nuevo Testamento.
  3. El escritor se ocupa de él y lo compara con el Señor, aunque con mucho tacto.
  4. Dios no busca ganar a los hebreos destacando los errores de Moisés (ninguno de los cuales se menciona aquí); Moisés habló cara a cara con Dios, Moisés vio la gloria de Dios al punto que su rostro brillaba, pero sobre todo, Moisés fue el dador de la ley. Por eso, esa ley se conoce como la ley de Moisés. En resumen, entonces, hablar de Moisés era equivalente a hablar de alguien altamente considerado en la sociedad judía. Pensar que había alguien superior a Moisés producía gran conmoción a un judío y esto es exactamente lo que el autor de Hebreos va a hacer en el pasaje bíblico que tenemos para nuestro estudio el día de hoy.
  5. concentra la atención sobre el Señor. Sabemos entonces que el autor de Hebreos se dirige a los judíos creyentes y sobre la base de lo que es Jesucristo les pide sólo una cosa: Considerad al apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús. Lo que los creyentes tenían que hacer es “considerar”. Esta palabra es muy interesante en el idioma en que se escribió el Nuevo Testamento. La usaban los astrónomos cuando estaban contemplando el firmamento en busca de nuevas estrellas. Considerar no es simplemente mirar, es algo más profundo, es contemplar con absoluta atención.

¿A quién tenían que contemplar? A Jesús. Él es todo y teniendo a Él, no falta nada. Esta exhortación era muy oportuna para el judío creyente, porque tenía la tendencia a volver a los ritos judaicos, por eso el autor de Hebreos les dice: Contemplen la realidad, contemplen a Cristo, no contemplen los ritos del judaísmo. Los ritos del judaísmo eran solamente la sombra de una realidad que estaba más adelante.

Esta exhortación es válida para hoy en día también. Los creyentes debemos aprender a considerar con devoción a Jesucristo, pues El sí merece nuestra consideración, observación profunda, y reflexión seria.

III. Se lo llama aquí:

  1. Apóstol”,
  2. porque El representa a Dios para nosotros. Apóstol es uno enviado por otro con una comisión especial. Jesucristo vino como enviado del Padre con la comisión de darnos a conocer al Padre.
  3. Llama la atención que es el único Apóstol mencionado en Hebreos.
  4. Sumo Sacerdote” que nos representa a nosotros ante Dios. Pero no sólo eso, Jesucristo es también Sumo Sacerdote. El Sumo Sacerdote era el que hacía de puente entre el hombre pecador y Dios santo, por medio de los sacrificios. Jesús como nuestro Sumo Sacerdote, se ofreció a Sí mismo como el sacrificio perfecto para llegar a ser por la eternidad el puente sin igual que une al Dios santo con cualquier pecador que quiera confiar en él.
  5. De nuestra profesión” o “confesión”: ver Romanos 10:9–11; Mateo 10:32, 33. Si usted ya es un hijo de Dios, no se canse de admirar la hermosura de la gloria del Autor de su salvación. Si usted todavía no ha recibido a Jesucristo como su Salvador, sepa que Jesucristo es superior a Moisés, porque Moisés habló de Jesucristo, como el cumplimiento de todo lo que instituyó con la ley. Rechazar a Jesucristo, le significa condenación eterna, recibir a Jesucristo le significa vida eterna.
  6. Cristo Jesús”. “Cristo” es Su título divino, correspondiendo a “Apóstol”; y “Jesús” como título humano, refiriéndose a Su sacerdocio.

Conclusión: Jesús es el que nos guía a esa casa de Dios que ahora ya no es el Tabernáculo, es el pueblo de Dios donde habita Su presencia.

Para orar: Que Dios nos ayude a reconocer a Jesús en nuestras vidas.

Para hacer: Haga un pequeño debate sobe Jesús como superior a Moisés y a todos.


Lunes 9 de abril de 2018

LA CASA DE DIOS

Hebreos 3:1-6; Juan 1:3; Colosenses 1:16; Hebreos 1:2,10.

“El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano” (Juan 3:35).

Qué gran privilegio es tener un gran Abogado ante el Padre – a Jesucristo – el Justo, que vive siempre para interceder por nosotros.

I. “Casa de Dios” Aquí no es meramente el tabernáculo, es mucho más que un edificio.

La expresión “Casa de Dios” significa “El pueblo, los creyentes o los redimidos de Dios”.  No el edificio sino el grupo. No la construcción, sino los “Hermanos que habitan juntos y en armonía” (Salmos 133:1).  No los ladrillos que levantan el templo material, sino las piedras vivas o creyentes que entrelazados en mutua comunión constituyen el cuerpo viviente de Cristo.

Reflexione aquí con los integrantes de su Célula acerca que cuán grande ese el amor del Padre que nos ha hecho ser partícipes de Su cuerpo. Somos Su casa. Cristo es la cabeza, la cual está sobre Su casa y, por lo tanto, debemos serle obediente de la misma forma que el cuerpo obedece las órdenes del cerebro.

II. El constructor de la casa tiene mayor importancia que la casa misma.

A. Además, Jesús es superior porque es Dios (v.4).                                                                                                                     Moisés, como siervo, es parte de la casa, y menos que la casa: Cristo, como Creador Instrumental de todas las cosas, debe ser Dios, y así mayor que la casa, de la que Moisés no es sino una parte. Debe haber quien establezca toda casa: Moisés no fue quien estableció la casa, sino que fue una porción de ella (pero el que estableció todas las cosas y por tanto, la referida casa espiritual es Dios). Cristo, siendo instrumentalmente el Establecedor de todas las cosas, debe ser el Establecedor de la casa, y así es mayor que Moisés.

B.  Cada casa debe tener un constructor. “El que hizo todas las cosas es Dios”.

Dios es el arquitecto de todo lo creado. Somos “hechura suya”. Fuimos confeccionados por Él para que llevemos Su imagen, así como una casa tiene plasmada en ella la creatividad del arquitecto. Así como sucede en lo natural en la confección de los planos de una casa, donde aparecen detalles que deben respetarse, escalas, distancias, medidas, la ubicación de los objetos, la distribución de los ambientes, etc. De la misma manera la casa de Dios debe guardar el mismo orden.

Cristo es diseñador y constructor al mismo tiempo porque Él mismo fue quien edificó la iglesia.

Los planos de una casa, nos hablan de volver al original. De volver a las fuentes. De volver a las bases que nos llevaron a la cima. El mayor de los errores es cuando lo superfluo reemplaza a lo esencial. Volvamos al manual del fabricante… Cristo Jesús. Como construir una casa lleva tiempo, debe realizarse con los mejores materiales. Las bases son: “oración – ayuno – lectura de la palabra – comunión con los hermanos” – (Hechos 2:42). Estas son las bases de la iglesia primitiva.

C. De Juan 1:3; Colosenses 1:16; Hebreos 1:2, 10 aprendemos que Jesús fue el agente activo de Dios en la creación.

Cristo es el centro de la creación. La actividad central de Cristo en la obra de la creación se presenta en estos tres pasajes de las Sagradas Escrituras. Esta referencia bíblica echa por tierra la filosofía del gnosticismo, la cual creía que la materia era absolutamente mala, y el espíritu, absolutamente bueno. Además mantenían que la materia era eterna, y que había sido de esa materia imperfecta de la que se había formado el mundo. Los cristianos, creemos en la creación a partir de la nada, y los gnósticos creían que el universo se había formado a partir de aquella materia mala.

Tal como los gnósticos lo veían, el creador del mundo no era el Dios verdadero, sino un ser hostil a Él. Por eso Pablo insiste en que fue Dios Quien creó el mundo, y que el Agente de la Creación no fue una emanación ignorante y hostil a Dios sino el mismo Jesucristo, Su Hijo.

Como los gnósticos lo veían, Jesucristo no era ni mucho menos único. Insistían en que Jesucristo era simplemente una de esas emanaciones. Puede que ocupara un lugar bastante alto, hasta posiblemente el más alto, pero era uno entre muchos. Pablo se enfrenta con esto insistiendo en que en Jesucristo habita toda plenitud (Colosenses 1:19); que en Él está toda la plenitud de la divinidad en forma corporal (Colosenses 2:9).

D. La conclusión inevitable es que Jesucristo es Dios.

Esta es una de las declaraciones más firmes acerca de la naturaleza divina de Cristo dada a conocer en la Biblia. Cristo no es solo igual a Dios (Filipenses 2:9), Jesucristo es Dios, la exacta representación de Dios. No solo nos refleja a Dios, nos revela a Dios. Como primogénito de toda creación tiene la prioridad y autoridad como príncipe en la casa del Rey. Vino del cielo, no del polvo de la tierra (1Corintios 15:47), y es el Señor de todo (Romanos 9:5).

Nosotros, al igual que los creyentes de Colosas, debemos creer en la deidad de Jesucristo (que Jesús es Dios), sino nuestra fe cristiana es hueca, mal dirigida y sin sentido. Esta es una verdad central del cristianismo. Debemos oponernos a aquellos que dicen que Dios es solo un profeta o un gran maestro.

III.  V6 Jesucristo es “Hijo”, el Hijo de Dios:

Un embajador en la ausencia del rey es muy distinguido; en la presencia del rey vuelve a ser uno entre muchos. Así sucede con cada uno de nosotros, somos embajadores que pasamos a segundo plano ante la presencia del Rey de reyes y Señor de señores. Moisés fue el más grande de la historia para el pueblo judío, pero fue uno de los tantos embajadores que fueron eclipsados por Jesús el hijo de Dios. Jesús entró como Hijo, el Hijo de Dios.

IV. La casa de Dios “somos nosotros”

A. En cambio, aquellos que pierden confianza en Cristo y Sus promesas y vuelven a los rituales y ceremonias, muestran que nunca nacieron de nuevo.

Porque Cristo mora en nosotros, los creyentes podemos permanecer con valor y esperanza hasta el fin. No somos salvos por perseverar, pero la perseverancia revela que nuestra fe es verdadera. Sin esa fidelidad permanente, pudiéramos fácilmente ser alejados por los vientos de la tentación, las falsas enseñanzas o la persecución.

Para que Cristo more debe estar el altar ardiendo continuamente no meramente hacer ceremonias religiosas.

V. “FIN”. Aquí es la aparición de nuestro Señor Jesucristo. Cuando Él venga la esperanza se trocará en realidad, la fe en vista.

El  fin está cerca. El edificio de la Iglesia permanecerá indestructible siempre que sus piedras vivas estén firmes; es decir, siempre que todos sus miembros estén fuertes en la gloriosa y confiada esperanza que han puesto en Jesucristo. Cada uno de nosotros es como una piedra de la Iglesia; si una piedra es débil, el Edificio no está completo. La Iglesia permanece firme sólo cuando todas sus piedras vivas están arraigadas y fundadas por la fe en Jesucristo.

Conclusión: Nosotros somos la casa de Dios; Él habita por la fe en nuestros corazones y cada uno somos parte de Su cuerpo, la iglesia.

Oración: Que cuidemos de la casa de Dios.

Acción: Dé ejemplos prácticos de cómo cuidar la casa de Dios espiritual y física.


LUNES 16 DE ABRIL

PIEDRAS VIVAS

1Pedro 2:1-8; Isaías 28:16.  “La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo”.

I. COMO PUEBLO DE DIOS TENEMOS QUE DESPRENDERNOS DE ALGUNAS COSAS (2:1).

A. Ningún cristiano puede permanecer igual.
Tal cual lo dice Proverbios 4:18: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. Los cristianos deben evidenciar avances es su forma de vivir; la santidad debe ser su estilo de vida, no como algo artificial sino como algo natural. Así como los rayos del sol van en aumento hasta que llega a su cenit. Recordemos las palabras de Cristo: “Por sus frutos es conocido el árbol” (Mateo 7:17-18).

B.  Tenemos que despojarnos.
Esto demanda un acto firme de la voluntad para renunciar al pecado. La mejor manera de vencer el pecado es diciéndole un rotundo ¡No! Las vacilaciones, las especulaciones y aplazar las decisiones generan el enraizamiento de la maldad en el corazón humano.

C. La palabra usada es apothestai (apothestai) quitarse la ropa que uno viste.
La ropa habla de la persona. La imagen externa es reflejo de lo interno. No pueden separarse una cosa de la otra. Lo uno es producto de lo otro. Por eso el apóstol Pedro utiliza la figura de la ropa o de la indumentaria la cual debe ser quitada para que haya un cambio de imagen en cualquier persona. Es una metáfora que resalta la acción determinada de “limpiar contaminaciones”, con el mundo y la carne.

D. Desprendernos de toda clase de maldad. La palabra que identifica el pecado en este texto es la palabra “malicia” del griego Kakian que significaba en esa época, “vicios de todo tipo”. Los vicios son aquellas costumbres que destruyen la reputación de los creyentes, que muchas de ellas se hacen en privado en plena libertad, pero que al ser puestas al descubierto avergonzarían al infractor.
La palabra “malicia” se refiere también a aquellas personas que sus malas obras no son producto de un error o falla, sino que tienen como origen una actitud dolosa. El dolo es definido por el derecho como todo engaño, fraude, simulación. Las personas que actúan dolosamente son conscientes de la maldad, pero ignoran los avisos de la conciencia para sumergirse más en el delito.

E. Son todas costumbres que no convienen al cristiano.
El gran profeta Daniel se destacó en la sociedad de su época a causa de que no tenía vicios, (Daniel 6:4) y sus acusadores no pudieron encontrar ocasión alguna para desprestigiarlo. Los vicios son debilidades ocultas o manifiestas que nos hacen vulnerables al enemigo. Todo cristiano debe deshacerse con rapidez de estas costumbres destructivas. Ni bien la revelación del defecto llega debe confrontarse y eliminarse de manera radical; de lo contrario la falla se transforma en costumbre y ésta en vicio o adicción.

F.  No puede haber amor fraternal genuino mientras existan las actitudes nocivas.
El apóstol Pedro avanza un poco más sobre los resultados nefastos que trae a una congregación cuando hay cristianos entre comillas que, mesclados en la iglesia, generan contaminación. Nos da tres ejemplos:
El engaño: es la persona que esconde los motivos indignos que se tratan de promover.
La hipocresía: los que fingen una rectitud no sentida.
Los detractores: los que perjudican a otro con el fin de prosperar ellos mismos.
Las personas que viven esclavas de estos pecados no tienen el poder para amar, son generadoras de conflicto y contienda permanente porque no son íntegras.

II. COMO PUEBLO DE DIOS TENEMOS QUE DESEAR OTRA COSA (2:2).
Debemos desear profundamente como Iglesia la Palabra de Dios (la leche espiritual no adulterada). La Palabra es la espada del espíritu y separa el alma del espíritu. La Palabra discierne las intenciones del corazón, y cuando la deseamos como el bebé anhela la leche y la solicita con llanto y gritos las mismas Escrituras actúan como la leche en un infante impartiendo nutrición, defensas y un crecimiento sano y fuerte.
III. COMO PUEBLO DE DIOS DEBEMOS ACERCARNOS A LA PIEDRA VIVA: JESÚS (2:4).
No basta haber tenido un contacto con Cristo (la Piedra Viva), necesitamos mucho más que eso. Pedro habla aquí de que esa frecuencia de contacto debe ser ahora más intensa que nunca amtes, porque si no corremos el peligro de contaminarnos con aquellos edificadores que lo rechazan como la piedra principal del ángulo. La piedra angular era el ladrillo central que proveía equilibrio al arco o arcada que había a las entradas de las ciudades y estaba por encima de las puertas. Sin Jesús -“Piedra Viva”- no existe equilibrio, no hay construcción en la vida que no se desmorone.
IV. COMO PUEBLO DE DIOS NOSOTROS SOMOS PIEDRAS VIVAS (2:5).

A.  Somos piedras vivas. Somos como ladrillos en el edificio de la iglesia.
Los cristianos tienen igual naturaleza que Cristo. Los creyentes verdaderos son piedras cómo Jesús. El pasaje recuerda con claridad las palabras del Señor Jesús a Pedro: “Tu serás llamado… piedra” (Juan 1:42); y también, “Tú eres Pedro (piedra) y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del hades no prevalecerán contra ella”. Cristo edifica Su vida en Sus hijos, somos Su casa, pero a la vez cada uno de nosotros ocupa un lugar como ladrillo en Su iglesia.
B. Somos un edificio viviente.
Esto significa que la iglesia tiene vida en sí misma a través de Jesús, y a su vez puede impartir vida a un mundo en tinieblas.
C. Somos una comunidad.
Esto significa que la iglesia es un conjunto de personas que tiene en común su fe en Jesús y cómo tal cada miembro que la integra debe potenciar a su hermano, su amigo y su consiervo para no perder ese objetivo en común, hacer que el reino de Dios avance.
La lección está clara: mientras un ladrillo esté solo, no sirve para nada; sólo es útil cuando se le incorpora a un edificio. Así sucede con el cristiano individual: para hacer realidad su destino, no debe permanecer aislado, sino ser edificado en la estructura de la Iglesia.
D. Somos una familia.
Tenemos la misma sangre corriendo por nuestras venas. Somos hijos de un mismo Padre. Tenemos una identidad celestial.
Conclusión: El cristianismo solo se puede vivir en una iglesia. No existe la religión solitaria. Mientras el ladrillo permanece aislado no tiene utilidad. Es útil cuando es incorporado a un edificio. Fuimos creados para extender el reino de Dios por Su iglesia.

Oración: Que como piedras vivas nos demos vida unos a otros.
Acción: Toma unos minutos para reflexionar sobre estas frases: Nos necesitamos unos a otros. No podemos darnos el lujo de permanecer aislados. Somos piedras vivas por el poder de Dios.


LUNES 23 DE ABRIL

NUESTRA IDENTIDAD COMO CASA DE DIOS

1 Pedro 2:9-10; Isaías 8:14
“Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Jehová, ministros de nuestro Dios seréis llamados; comeréis las riquezas de las naciones, y con su gloria seréis sublimes” (Isaías 61:6).

I. COMO PUEBLO DE DIOS SOMOS UNA RAZA ESCOGIDA.

A.  Somos un pueblo escogido.
Literalmente el pasaje dice: Linaje escogido en la versión Reina Valera (1960) y la traducción exacta es: raza o clase. Los hijos de Dios somos una clase especial, no ordinaria. Esto quiere decir que el cristiano es llamado de ser una persona insignificante a ser una persona representativa. La grandeza de una persona no depende de ella misma, sino de lo que se le ha confiado. La grandeza del cristiano depende del hecho de que Dios le ha escogido para que sea Suyo y para que haga Su obra en el mundo.

B. Tenemos una relación de pacto con Dios.
Pedro está inmerso en el Antiguo Testamento, y todas estas frases son grandes descripciones del pueblo de Israel. Proceden de dos fuentes especiales. Isaías 43:21, donde Isaías oye decir a Dios: «Este pueblo he creado para Mí». Pero aún más, de Éxodo 19: 5-6, donde se oye la voz de Dios decir: «Ahora, pues, si diereis oído a Mi voz, y guardareis Mi pacto, vosotros seréis Mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque Mía es toda la Tierra. Y vosotros Me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa». Las grandes promesas que Dios le hizo a Su pueblo Israel se cumplen en la Iglesia, el nuevo Israel.
Los cristianos somos un pueblo escogido. Aquí volvemos a la idea del pacto. Éxodo 19:5-6 es parte de un pasaje que describe cómo hizo Dios un pacto con Israel. En Su pacto, Dios le ofreció a Israel una relación especial con Él; pero ese pacto dependía de que Israel aceptara sus condiciones y guardara la Ley. La relación se mantendría sólo «si diereis oído a Mi voz, y guardareis Mi pacto».

C. Nada nos puede separar del amor de Dios.
Dios nos ha conquistado, y quien fue conquistado por Él, no tiene lugar para otro amor. No hay nada creado excepto nosotros mismos (a causa de nuestro libre albedrío) que nos pueda apartar del magnético amor de nuestro Padre celestial.

D. Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador.
Cuando aceptamos a Jesús en nuestras vidas pasamos a ser parte de la Familia Real. Ahora debemos vivir como hijos del Rey. Esto implica someternos a las directivas del Rey. Esto debe llevarnos a valorizarnos y ocupar el sitio vacante que el cristianismo ha dejado en la sociedad.

II. COMO PUEBLO DE DIOS SOMOS UN REINO DE SACERDOTES (2:9).
Los cristianos muchas veces hablan “del sacerdocio de todos los creyentes”. En la época del Antiguo Testamento, la gente no se acercaba a Dios directamente. Un sacerdote actuaba como intermediario entre Dios y el pecador. Con la victoria de Cristo en la cruz, eso cambió. Ahora podemos ir directamente a la presencia de Dios sin temor (Hebreos 4:16), y se nos ha dado la responsabilidad de llevar a otros a Su presencia también (2 Corintios 5:18-21). Cuando estamos unidos con Cristo como miembros de Su cuerpo, nos unimos en Su tarea de reconciliar a Dios con el hombre.

III. COMO PUEBLO DE DIOS SOMOS UNA NACIÓN SANTA.
El cristiano ha sido escogido para ser diferente de los demás. Esa diferencia consiste en que está consagrado a la voluntad y al servicio de Dios. Otras personas puede que sigan las normas del mundo, pero para él las únicas normas son las de Dios.

IV. COMO PUEBLO DE DIOS SOMOS COMPRADOS POR DIOS.
La frase “Pueblo adquirido por Dios – Literalmente, “pueblo para adquisición”; es decir, que Dios lo escogió como Suyo en particular: Hechos 20:28, “ganó” literalmente “adquirió”. Somos el tesoro predilecto de Dios.

V. COMO PUEBLO DE DIOS ESTAMOS PARA ANUNCIAR LAS OBRAS MARAVILLOSAS DE DIOS.
Como pueblo de Dios no estamos para publicar las propias alabanzas, sino las de Él. No tienen razón para engrandecerse sobre otros, porque antes habían estado en las mismas tinieblas, y sólo por la gracia de Dios habían sido llevados a la luz que ahora en adelante deben anunciar a otros. La palabra “virtudes” (Versión Reina Valera 1960) significa “las excelencias”, Su gloria, misericordia, la benevolencia, la majestad del Dios eterno.

VI. COMO PUEBLO DE DIOS FUIMOS LLAMADOS DE LA OSCURIDAD A SU LUZ MARAVILLOSA.
Pedro con valentía característica llama tinieblas a todo cuanto el mundo llama luz; la razón, sin el Espíritu Santo, a pesar de su arrogante poder, es tinieblas espirituales. “No puede comprender lo que es de la fe: por tanto es completamente ciega; tantea como un ciego, y tropezando va de una a otra cosa y no sabe lo que hace” (Martín Lutero).

VII. COMO PUEBLO DE DIOS AHORA TENEMOS MISERICORDIA Y ESPERANZA (2:10).
Pedro se está remontando a un pasado ya no existente (vosotros que otro tiempo), hablando de un camino ya recorrido y un cambio de rumbo, del diario del día de ayer, el cual decía que no éramos pueblo, éramos huérfanos, vivíamos como si no tuviéramos fundador, aunque lo teníamos y ahora lo recuperamos para siempre. Este recupero no fue por méritos personales sino por los méritos de Jesús nuestro Salvador.
Pedro también tiene en mente las palabras que Dios mismo soltó de Su boca a través del profeta Oseas. (Oseas 1:9-10). Por ese entonces Dios declaró que Su pueblo dejaba de serlo, a causa de su rebelión y pecado y por lo tanto, Él decidía dejar de ser su Dios (v.9), pero en el versículo próximo (10) ya estaba dada la promesa de la misericordia restauradora de Dios, la cual se cumplió a través del rescate hecho por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN: Antes no teníamos misericordia, ahora no tenemos nada de temer de Dios. Él es nuestro Refugio, nuestro Amigo, nuestro Padre, Él es todo para nosotros.
ORACIÓN: Que cumplamos con lo que Dios quiere que seamos y hagamos.
ACCIÓN: Ser luz en el barrio donde está la Célula llevando Su Palabra y orando por las necesidades de la gente.