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Comentarios Células de jóvenes y adultos mayo 2018

LUNES 7 DE MAYO

UN CORAZÓN LIMPIO

Génesis 6:1-8; Marcos 7:21-23; Proverbios 27:19.

“Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, lavados los cuerpos con agua pura” (Hebreos 10:22).

El corazón constituye el órgano vital para la vida del cuerpo humano, su funcionamiento bombeando la sangre a todas las partes del cuerpo humano es imprescindible para la misma vida; si este llega a parar, la vida se acaba. Igual de importante es el funcionamiento de este en su parte espiritual. Veamos la necesidad que los humanos tenemos de un corazón puro.

I. LA CONDICIÓN PARA ACERCARNOS A DIOS.

A. El texto de Hebreos nos resalta la importancia de tener un corazón puro.

La palabra acerquémonos nos muestra que la frecuencia que debe tener la búsqueda de Dios en la vida de “sus hijos” y esa búsqueda debe ser constante, pero inmediatamente el autor del libro de los Hebreos coloca la condición para que podamos ingresar a esa “Santa presencia del Señor” un corazón puro.

Con corazón sincero quiere decir “sin hipocresía” o “sin dobleces”, en otras palabras, con lealtad. Recordemos que Dios no mira lo que está delante de sus ojos, mira el corazón. No espera un corazón perfecto, pero sí espera un corazón que no oculte su maldad.

B. La Biblia nos enseña que Dios es Santo y, por tanto, demanda que cada uno de nosotros lo seamos.

También el autor de la carta nos remarca la importancia de pasar por el proceso de limpiamiento, y tiene en mente todo el protocolo de entrada al tabernáculo de reunión en el desierto para llegar al mismísimo Lugar santísimo. Dios es Santo, tres veces Santo, perfectamente Santo y demanda que ingresemos bajo la cobertura de la “Sangre del Cordero”.

C. Debemos limpiar nuestro corazón de toda inmundicia.

Esto incluye el obrar sin fe. Notemos que una de las exhortaciones para aproximarnos a Dios es: “En plena certidumbre de fe”. Todo lo que hacemos sin fe es pecado. Podemos jactarnos de no haber pecado en muchas áreas, pero las Escrituras nos dicen aquí que Dios tiene plena percepción de con qué actitud hacemos las cosas. Si las hacemos dudando, con temor, afligidos, delante de Dios es considerado pecado.

II. RAZONES POR LAS CUALES EL CORAZÓN NECESITA LIMPIARSE:

A. Porque es el centro de todas nuestras emociones las cuales se traducen en acciones.

Uno de los ejemplos más contundentes es la frase de Jesús: “porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 5:18). La acción de hablar positivamente o negativamente es producto del corazón.

B. En la Biblia vemos claramente el resultado de tener un corazón malo: el hombre tiende al mal (Génesis 6:5).

Ese versículo 5 del capítulo 6 de Génesis hay una palabra clave que señala los porqués del agravamiento de la maldad humana. Esa palabra es la palabra “designio” (así aparece en la versión Reina Valera 1960). Dicha palabra traducida del hebreo es “Yetser” que significa “forma o concepción”. La maldad se concibe primero, se ejecuta después. El pecado se concibe en el alma y florece y da fruto en distintas áreas después.

La concepción del corazón humano tiene raíces tan profundas que condicionan las conductas y los comportamientos de las personas; hasta que esos tubérculos malignos no son extirpados las tendencias o inclinaciones pecaminosas se repetirán sin solución.

C. Nuestro Señor Jesucristo confirmó este hecho (Marcos 7:21-23).

Para Jesús hay que terminar primero con el autor intelectual antes que con el autor material. De lo contrario diremos como el Apóstol Pablo desilusionado de sus pobres resultados en cuanto al enfrentamiento con el pecado ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?! (Romanos 7:24). Por eso declara en versículos anteriores: “De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.” (7:17)

 

  1. Si existe maldad en nuestro corazón, nuestras acciones serán pecaminosas y contrarias a la voluntad de Dios.

Somos lo que pensamos. Somos el resultado de los planes que tenemos. El corazón comanda, dirige, imparte el rumbo de la vida que llevaremos en el futuro.

  1. En esto no hay excepciones, de hecho, la misma Biblia también declara que el reflejo del hombre interior es su corazón (Proverbios 27:19).

Esto quiere decir que no podemos justificar las malas acciones. No podemos decir tan livianamente: “Esa no fue mi intensión”. Prestemos atención a lo que pensamos antes de actuar, y procesemos también los sentimientos. Las acciones son malas porque somos malos; de igual manera que los malos árboles, dan malos frutos.

 

Conclusión: Podemos concluir que si sus acciones son malas son un reflejo de lo que tiene en su interior, y si es así no podrá ver a Dios. Por eso necesitamos cambiar nuestros corazones y purificarnos.

Oración: Señor, limpia mi corazón.

Acción: Lee Mateo 5:8 y haz un breve comentario al respecto analizando tu vida si estás viendo a Dios a diario.


 

LUNES 14 de MAYO

CÓMO HAGO CON MI CORAZÓN

Salmos 51; Lucas 18.9-14; Proverbios 3:1-4.

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tu, oh Dios” (Salmos 51:17 -RVR 1960)

Veamos ahora la forma de purificar nuestros corazones para ser aceptos delante del Señor, para eso consideremos lo que las Escrituras nos dicen:

I. HUMILLARNOS DELANTE DE DIOS.

A. El primer paso para purificar nuestro corazón es acercarnos a Dios con una actitud de completa humildad.

Disfrutar de la presencia gloriosa de Dios no debería hacernos subir a un pedestal, todo lo contrario, debería mejorar la actitud de humillación. El privilegio de acceder debe concientizar a cada hijo de Dios del valor de la humildad. No podemos prescindir de ella. Si personificamos la humildad deberíamos decir de ella que es nuestra hermana, nuestra mejor amiga.

Al humillarnos, nuestro corazón se abre al Creador y en ese mismísimo momento es inevitable reconocer nuestras fallas, nuestros errores. La humildad hace que seamos sinceros, y nos mostremos sin máscaras.

B. El salmista declaraba que el mejor sacrificio que a Dios agrada es el corazón contrito y humillado.

El animal ofrecido no impactaba a Dios. Solo era simbólico. Lo mismo ocurre hoy al acercarnos al trono de la gracia. Las palabras no valen si no tienen un respaldo en el corazón. Un dicho sin fundamento en el interior de la persona se transforma en una lisonja. La lisonja es una alabanza afectada para ganar la voluntad de alguien. En este caso, Dios. Los proverbios nos exhortan acerca de no ser de labios lisonjeros. Por ejemplo (Proverbios 26:23) donde declara: “Como escoria de plata echada sobre el tiesto; Son los labios lisonjeros y el corazón malo”. El tiesto es un recipiente de barro. En otras palabras, es imposible aunar o unir el barro con la plata. También lo expresó el profeta Isaías: “Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado”.

Decirle palabra bonitas a Dios sin un verdadero fundamento nos distancia más de Él.

Primero se debe sacrificar el animal. Se debe humillar el yo, se debe sacrificar el orgullo para que la sangre de Jesús tenga efecto para limpieza de los pecados. Luego de este ingreso humilde las palabras fluirán de un corazón verdaderamente quebrantado. El mejor sacrificio es el quebranto.

C. Reconocer nuestra culpa y bajeza delante de Dios.

Reconocer las culpas es vital para fluir en la presencia del Señor. Pero debemos sentir verdadera culpa.

No debemos tener conmiseración, la lástima de nosotros mismos no nos ayudará. La falsa culpabilidad es autodestructiva. No cometamos el error de Judas. Tuvo lástima de sí y esto lo llevó a un callejón sin salida. En cambio, Pedro lloró amargamente. Experimentó verdadera culpa. Dobló su orgullo ante Jesús. Más tarde fue totalmente restaurado.

Reconocer nuestra bajeza tiene que ver con la distancia que hay entre el Rey de reyes y Señor de señores y lo insignificante que somos sin la cobertura de la sangre de nuestro Salvador. Dios no desprecia un espíritu con esa actitud.

D. Un corazón jactancioso que piense que no necesita nada no será aceptado delante de Dios.

El orgullo proyecta una imagen distorsionada de nosotros mismos. Es como si nos viéramos en esos espejos que alteran las dimensiones normales porque tienen mayor grado de aumento en sus cristales.

“No hay peor ciego que el que no quiere ver”. Tu concepto equivocado de ti, hace que veas insignificantes tus errores, pero tu opinión no cuenta. Casi todos tenemos la tendencia de ser sabios en nuestra propia opinión. Necesitamos que Dios opine al respecto, y estar atentos a la voz del Espíritu Santo. Quién se resista a reconocer su necesidad, quién piense que no necesita nada queda descalificado delante de Dios.

E. Como lo vemos en la parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18:9-14).

Los dos hombres fueron al templo a orar. Ambos tenían devoción. Los dos tenían el hábito de la oración. Pero sus corazones eran diferentes. El fariseo pensaba que sus buenas obras lo hacía una mejor persona. El publicano entendía que nada que hiciera podía mejorar su naturaleza pecaminosa, ni siquiera el obrar bien.

En el ejemplo que dio Jesús utilizó los dos extremos para hacer más notoria las diferencias. En primer lugar, un fariseo, una celebridad religiosa, no por eso más piadoso, y un publicano, un cobrador de impuestos, una de las profesiones más corruptas de la época, ya que cuando realizaban su función defraudaban a la sociedad, por eso eran los más odiados por el pueblo.

La conclusión de la parábola es la siguiente. Nadie puede justificarse a sí mismo. Nadie puede salvarse a sí mismo. Nuestra opinión no cuenta. Solo Dios puede. El es Santo. Solo Él puede ser juez justo. Quién se justifica a si mismo se está poniendo en lugar de Él. Dios resiste la soberbia de la auto justificación.

II. PEDIR A DIOS QUE LIMPIE NUESTRO CORAZÓN.

A. El siguiente paso es confesar a Dios nuestros pecados.

La confesión trae libertad. La confesión tiene recompensa. Dios perdona sin miramientos a los confesores y porque es fiel y justo para hacerlo.

B. Pedirle un corazón limpio, ya que solamente Jesús es el único que puede hacerlo.

Al pedirle una mente limpia, Dios actúa en nuestra conciencia, la cual se activa y retomará el rol protagónico que perdió para señalarnos lo que está equivocado y de esta manera no volver a caer en la misma tentación.

III. GUARDAR SU PALABRA EN NUESTRO CORAZÓN (PROVERBIOS 3:1-4).

Al tener las Escrituras atesoradas en el corazón, nuestros pensamientos impulsarán la voluntad a un cambio positivo. Ellas deben ser nuestro mayor tesoro. Tienen que estar esculpidas en lo profundo del ser para que nos guíen a toda verdad y justicia.

Conclusión: Sin un corazón puro es imposible ver a Dios, por ello la urgencia de pedirle a Cristo que limpie nuestro corazón de toda maldad y nos redima del poder del pecado. (Mateo 5:8)

Oración: Que Dios nos ayude a seguir el proceso de limpieza del corazón.

Acción: En una escala del 1 al 10, ¿cómo está tu corazón y que harás para cambiar? Compártelo con los integrantes de la Célula.


 

LUNES 21 de MAYO

ACERQUÉMONOS CON FE

Éxodo 3:5; Hebreos 4:16; 7:18-22; 11:6; Santiago 4:8.

“Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas sus obras” (Salmos 73:28 – RVR 1960).

Cuando nos acercamos con un corazón sincero, la fe es evidente. No se refiere a la fe que nos lleva a la salvación, sino a la certeza de la eficacia del sacrificio de Cristo.

I. GRAN SACERDOTE

A. En todo otro lugar de la Epístola se emplea el término griego archiereus para sumo sacerdote.

El libro de Hebreos nos enseña que Jesús es el Sumo Sacerdote perfecto. Su misión es traer al hombre la Palabra de Dios, e introducir al hombre en la presencia de Dios. El Sumo Sacerdote tiene que conocer perfectamente al mismo tiempo a Dios y al hombre. Esta es la misión de Jesús que esta epístola nos presenta magistralmente. Ese término “Sumo Sacerdote” recorre toda la epístola.

B. Aquí es “un gran sacerdote”.

En cambio, Hebreos 10:21 se dirige a Jesús como “Un gran Sacerdote” que traspasó los cielos, hasta la presencia de Dios. Se encuentra ahí como Hijo de Dios, pero también como Hijo de hombre. En Su humanidad perfecta conoce nuestras necesidades, preocupaciones, tentaciones y problemas. Totalmente compasivo y tierno. Este carácter totalmente sensible a la necesidad de los pecadores a causa de Su experiencia tan cercana con el pecado, en relación a la tentación, pero nunca cediendo ante ella.

  1. Uno que es a la vez Rey.

Por ese motivo la profesión de Cristo es un “Real Sacerdocio”. Comparándolo con el sacerdocio de Melquisedec (Génisis 14:18). Melquisedec fue rey de Salem (Jerusalén) y recibió homenaje de Abraham, cuando le hizo entrega de los diezmos del botín de la victoria obtenida. La figura de Melquisedec, un tipo de Cristo, el cual no tenía genealogía, ni padre, ni madre, al menos en las Escrituras no se mencionan. Cristo de la misma manera es “Eterno” no tiene ni principio ni fin de sus días.

  1. “Sacerdote sobre el trono” (Zacarías 6:13).

Melquisedec fue ordenado mediante un juramento de Dios y no de la tribu de Leví. En el Antiguo Testamento nadie podía servir como sacerdote a menos que fuera descendiente de Aarón (Esdras 2:61-62). Sin embargo, ni Melquisedec ni Cristo procedían de esa tribu (Hebreos 7:14, 22, 24). Por lo tanto, el sacerdocio de Cristo es independiente del humano. Es un linaje real, como lo fue la tribu de Judá.

Zacarías nos dice que el mediador de nuestra salvación es un sumo sacerdote coronado, o el rey sacerdotal. De origen humilde se elevará a un reinado victorioso sobre todos los reinos de este mundo.

C. Un sacerdote real o un Rey sacerdotal.

Para que lo entendamos más claramente, al profeta Zacarías se le dice que tome la plata y el oro y haga una corona para Josué el sumo sacerdote. (Zacarías 6:9-11).  En el judaísmo las dos tribus oficiales eran rivales y nunca fueron combinadas. Los reyes llegaban sólo de la tribu de Judá y el sumo sacerdote podía provenir de la tribu de Leví. La coronación de Josué, el sumo sacerdote con una corona real, que no pertenecen propiamente al sumo sacerdote, como tal, tenía un significado típico. El sumo sacerdote normalmente no llevaba corona y su vestido no significa dignidad real ni gloria. Simbolizaba la santidad al Señor. Sin embargo, la coronación  de Josué apunta a un hombre que se sentará en su trono como rey de ellos y sacerdote. Él combinará la realeza y el sacerdocio en su propia persona y posición. Por lo tanto, Josué representará o tipificará al Mesías, el ungido sacerdote-rey.

El hombre cuyo nombre es “Renuevo” del hebreo – (Zemach) es una clara referencia a las profecías anteriores de Isaías y Jeremías (3:8; Isaías 4:2Jeremías 23:5). Este Zemach es una cosa que crece cada vez, la germinación. “Él va a crecer de abajo hacia arriba, desde la humildad, a la eminencia. (Cómo sucedió cuando Jesús entró a Jerusalén montado en un pollino) (Zacarías 9:9) (Marcos 11:7). Este brote edificará el templo de Dios. El Mesías es llamado Zemach porque Dios causará un crecimiento justo que brote de David. Él llevará gloria (sin artículo) como gloria, excelencia, esplendor y majestad (Hebreos 3:3). Con suprema majestad el Mesías reinará sobre Su trono como el Señor de señores y el Sumo Sacerdote. Los dos más altos cargos en Israel, la realeza y el sacerdocio, se unen en una sola persona, el Mesías (Salmos 110).

II. EN PLENA CERTIDUMBRE DE FE.

A. Los creyentes tenemos completa seguridad en Dios de que podemos acercarnos a Él.

El llamado a acercarnos, a perder todo temor es una motivación que ha sido dada a causa de los reiterados fracasos que tuvimos. La historia siempre se volvía a repetir. ¿Qué haría el hombre viciado de pecado frente a un Dios Santo? Pero ahora el autor nos anima porque todo ha cambiado. Ya tenemos en Jesús un Sumo Sacerdote perfecto porque es perfectamente Dios y perfectamente hombre. Porque ha vivido nuestra vida puede darnos simpatía, misericordia y poder. Él atrajo a Dios a los hombres, y puede llevar a los hombres a Dios.

Esto hace que Dios nos pueda ayudar. Conoce nuestros problemas porque ha pasado por ellos. La persona que mejor te puede aconsejar y ayudar en un viaje es la que lo ha hecho antes que tú. Dios puede ayudar porque lo ha experimentado como el “Hijo del hombre”.

B. En base no a nuestra justicia, nuestros logros o nuestros méritos, sino a la obra de nuestro Gran Sumo Sacerdote. La justicia de Dios nos presenta justos, Jesús cumplió la ley por nosotros para que ya no seamos vistos como extraños a Su presencia gloriosa.

C. En contraste a esto la duda hace que no nos acerquemos a Dios.

La duda genera distancia entre Dios y nosotros. La duda revive la culpa. El pecado estará siempre presente mientras estemos en esta vida. Pero lo determinante no es el pecado, sino nuestra actitud frente a él. ¿Peleáremos solos? O ¿acudiremos a Jesús? Jesús se emparentó con el pecado, y el conocimiento definitivo de este lo adquirió cuando tomó nuestra maldad en la Cruz del calvario. Ahora como Jesús está en la presencia de Dios, podemos acudir a Dios sin temor. El trono de la gracia ha sido cambiado de trono de juicio en trono de misericordia debido a que la sangre de Cristo ha sido esparcida sobre él.

III. DEBEMOS TENER CERTEZA QUE SI DIOS HABLA ES SÍ Y AMÉN.

A. Debemos confiar y descansar en Su verdad.

Apropiémonos de la confianza del Apóstol Pablo en su Carta a los Romanos donde dice: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica”. (Romanos 8:33). El ejercicio es confiar y descansar. Confiar y descansar. No debemos movernos de Su Palabra que permanece para siempre.

B. Tenemos derecho de entrar a la presencia de Dios.

Nuestra credencial es Jesús, su nombre traspasó los cielos. Su nombre es Jesús; no hay otro nombre en el cual haya salvación. Jesús es la llave de la vida, y más aun, de la vida eterna.

C. Tenemos que valernos de ese derecho, pasando tiempo en Su presencia.

Como Adán y Eva en el Edén, debería ser nuestra comunión con el Padre Celestial. Ellos valoraron lo que experimentaron con el Creador el día que lo perdieron. Nosotros honremos la Sangre de Jesús que nos devolvió el paraíso de Su presencia incrementando el tiempo de búsqueda, orando en todo tiempo, alabando, adorando, clamando y compartiendo con Él en silencio.

Conclusión: ¿Por qué podemos entrar en Su presencia? Porque hemos sido transformados y preparados. Cuando conocemos a Cristo, nuestro corazón es purificado; nuestra conciencia es limpiada. Todo el pecado que cargábamos es quitado, gracias a lo que Cristo hizo en la Cruz

Oración: Que nuestro corazón esté lleno de fe.

Acción: Describe si tienes dudas en tu corazón, compártelas y hagan una oración para ser libres.

 


LUNES 28 de MAYO

ACERQUÉMONOS CON CONFIANZA Y SEGURIDAD

Salmos 100; Isaías 44:21-23; Salmos 78:7; 1 Juan 5:14; Hebreos 10:22

“Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira” Salmos 40:4 (RVR1960).

Vemos el mandamiento en el versículo 22: “Acerquémonos”. Dice que debemos hacerlo “con corazón sincero, en plena certidumbre de fe”. Esta es la actitud que quiere que tengamos: al venir a Dios, debemos venir con plena certidumbre de fe, o como dice el versículo 19, con “confianza” o “seguridad”.

I. TODOS NOSOTROS DEBEMOS ACERCARNOS A JESÚS Y NO PERMITIR QUE NADA NOS ALEJE DE ÉL.

A. El versículo 22 dice que debemos acercarnos con plena certidumbre de fe.

La palabra griega “acerquémonos” (proserchometha) se traduce “sigamos acudiendo” – con la misma perseverancia y devoción de siempre. Es decir, con la voluntad plenamente convencida de que Él nos espera. ¿Para qué? Para oírnos con empatía. Para escucharnos con atención. Nada altera la atención de Dios para con Sus hijos, por eso somos animados a poner todo el empeño en la voluntad para acudir a nuestro Sumo Sacerdote. El llamado a acudir en la búsqueda de Dios habla de una frecuencia como la de un corazón que no para de latir. Sigamos acudiendo más allá de las circunstancias, más allá de las ocupaciones, más allá de la lucha interior con el pecado. Es una exhortación directa a la voluntad a no desenfocarse de hacerlo por nada del mundo, ni por un instante. El núcleo de la motivación del escritor se basa en que cada persona que acuda en la búsqueda de Dios tendrá siempre la simpatía del Sumo Sacerdote, inmutable y expectante.

B. Debemos recordar que nuestra certidumbre no está basada en cómo nos estamos sintiendo.

Los sentimientos no cuentan aquí. Todo lo contrario, aceptarlos como una realidad son la sentencia de muerte para todo discípulo de Cristo. Obedecer a las sensaciones de la carne nos detendrían, nos condicionarían para dar el paso de acercamiento a Jesús. Así cómo aceptamos a Cristo por la fe, de la misma manera debemos creer que Su amor nos espera para mantener una relación con Sus hijos, no un conjunto de reglas.

C. Es en torno a Cristo.

En torno a Cristo no existe la condenación, hay siempre una puerta abierta de oportunidad. Cómo vimos la clase anterior, el trono de juicio se transforma en trono de gracia.

D. Nuestra certidumbre está basada en nuestro conocimiento y confianza en Su superioridad.

Al orar ya no vacilamos porque tenemos absoluta y completa certeza que el venció el pecado. Nos lanzamos sin miramientos, como un hijo que no teme a un accidente y se arroja al vacío a las manos de su padre. Cree en la superioridad de su Padre.

E. El autor basa nuestra certidumbre no en nosotros sino en el hecho del sacerdocio de Cristo (v.21).

El autor procura entonces que renovemos los pensamientos para que nosotros pensemos como el Padre piensa por medio de Cristo de cada uno de nosotros. El sacerdocio de Cristo es fuera de lo común, fuera de lo normal, ya que no tuvo que ofrecer sacrificio por sus propios pecados. Apela entonces a que lo veamos desde el punto de vista de quien no tiene pecado alguno y es satisfecho en sus expectativas de santidad.

F. Podemos confiar en acercarnos solo por esta gran verdad.

Debemos entenderlo de esta sencilla manera: “Jesús colmó todas las expectativas del Padre”. “Nuestro Hermano Mayor”. “El Primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29b). Dios no nos pide que llenemos sus expectativas, porque estas ya están plenas, repletas por Su Hijo Amado que le complació.

Además, el apóstol Juan nos motiva que esta confianza debe estar también en nosotros a la hora de esperar la respuesta, cuando tenemos la certeza de haber pedido conforme a Su voluntad (1Juan 5:14).

G. Plena certidumbre solamente es posible al quitar los ojos de nosotros mismos y al mirar a Cristo.

Con Dios no rendimos examen de ingreso. Seamos conscientes que el examen ya lo rindió nuestro Salvador.

La introspección o mirada hacia nosotros mismos no debe utilizarse para ser calificados para la entrar a la presencia del Señor, allí ya estamos eximidos, allí ya estamos aprobados. Si deberíamos mirar hacia adentro es cuando ya estamos sumergidos en Su gloria, pero con el convencimiento de pecado que imparte el Espíritu, de lo contrario nunca seremos perfeccionados o santificados. Es ahí donde afloran las palabras de Isaías: “¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (Isaías 6:5).

H. Como es revelado a nosotros en Su Palabra.

Como declara el profeta Isaías por mandato de Dios: Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí” (Isaías 44:22). ¡Qué hermosa y reiterada comparación del poético profeta! Nuestros pecados para Dios disipados como la niebla y las nubes. ¿Qué más gráfico que esto?

I. La certidumbre completa sólo es posible al mirar el carácter inalterable de Él.

El salmista en el Salmo 100:5 declara: “Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones”.

Primero nos topamos con dos grandes atributos de Dios: Su bondad y Su misericordia. Y en nuestros tiempos tenemos que recordarlo más que nunca porque la sociedad siempre ha cuestionado la bondad de Dios, y siempre pone en tela de juicio su misericordia, responsabilizándolo por sus propios yerros. Eso hasta el día de hoy permanece inalterable, Dios sigue accionando su amor y pacientemente espera el arrepentimiento.

En segundo lugar, el salmo afirma que esto se sostiene en el tiempo por todas las generaciones. Él es fiel y verdadero, esta es la garantía que debe darnos la certidumbre completa que si nos allegamos a Él, Él se allegará a nosotros.

II. DEBEMOS ACERCARNOS CON SEGURIDAD DE SU AMOR Y PERDÓN (JOB 24:23).

Dios los deja sentirse seguros, pero no les quita la vista de encima (Job 24:23 – Versión Biblia al día).

La reflexión de Job es contundente. Si Dios le da seguridad muchas veces al impío, cuando no la merece, poniendo un manto de misericordia por un tiempo, pero sin sacarle los ojos de encima, esperando su arrepentimiento, cuánto más lo hará con Sus hijos.

Conclusión: ¿Tienes temor de acercarte a Cristo? No tengas temor de acercarte en épocas de duda o de pecado porque Él ha abierto el camino hacia la presencia de Dios. Transítalo.

Oración: Ser libre de todo temor.

Acción: Responder: ¿Qué cosas te impiden tener confianza y seguridad? ¿Qué te impide acercarte a Dios con libertad?